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lunes, 27 de octubre de 2008

Amarillo chillón

Es una tarde calurosa de verano. Acabas de ver el telediario de TVE en una tele en blanco y negro, y mientras en la sobremesa suena la musiquilla de El Gran Circo de TVE de fondo, te vistes con tu chándal de lona azul y te calzas tus zapatillas Adidas clásicas con sus tres bandas blancas características. Unas gafas de sol estilo glam de muy dudoso gusto acaban de rematar el conjunto.

Sales a la calle y te rodean Seat 124 y algunos 600. Ocasionalmente también puedes ver algunos Ford Escort, unos pocos Mini y Citroën 2CV. Has llegado al cine de tu barrio, que está dos calles más allá. El lugar es un poco cutre, y la cartelera deja bastante que desear, cosa de la censura. Algún día conseguirás ver Emmanuelle sin tener que cruzar la frontera, pero mientras tanto te tienes que conformar con lo que hay.

Te atiende en la taquilla un hombre canoso y de aspecto aburrido. Cuando entras, el mismo hombre te pica el billete, te atiende en la tienda de golosinas, y hace las funciones de acomodador: todo un trabajador polifacético. La crisis del petróleo se ha hecho notar en la audiencia y para mantener abierto el cine, otros currantes se han tenido que ir a la calle.

Una vez en tu butaca, y después de la publicidad de una tienda de muebles local, empieza la película. Aparecen unas exóticas imágenes de Hong Kong, y la potente banda sonora de Lalo Schifrin atrona la sala medio vacía.

Efectivamente, estás en 1973, y acaba de comenzar Operación Dragón.

Operación Dragón

Cuando el joven Bruce Lee empezó a desarrollar su talento de luchador de artes marciales, comprendió que bien podría tener su oportunidad en el cine de acción repartiendo tortas como panes haciendo gala del estilo que él mismo inventó, el Jeet Kune Do. Pese a llamar a varias puertas para conseguir algún papel en Hollywood, el género de las películas que pretendía protagonizar y el factor racismo -o eso cuentan las malas lenguas- le llevaron a probar suerte muy lejos de su California natal, allá por Hong Kong. La isla, por aquél entonces aún bajo control británico, era una ciudad dinámica donde cualquier proyecto que diese dinero tenía las puertas abiertas. Allí, donde una pequeña industria emergente de cine de serie B tenía su audiencia fiel, Bruce Lee tuvo la posibilidad de protagonizar películas de artes marciales -películas de chinos como se llaman aquí- repartiendo por doquier su patada lateral, patada con salto, y patada giratoria, por supuesto todas ellas aderezadas con sus gritos ¡kiaaaa! de luchador marcial avezado. Bruce Lee ya era una estrella del cine de Hong Kong, todo un género en sí mismo, y sus películas se contaban por taquillazos. Pero le faltaba el éxito en los EEUU donde había nacido.

Operación Dragón
¡Quiero un Óscar!

Fue entonces cuando el productor Fred Weintraub convenció a la Warner para que produjese una película con Bruce de protagonista. Como director elegirían a Robert Clouse, que también dirigiría a Bruce Lee en su film póstumo Juego con la Muerte, donde el malogrado actor protagonizaría, sin saberlo todavía, la que iba a ser su última película en vida, y que por otra parte profetizaría la muerte de su propio hijo Brandon Lee cuando rodaba El Cuervo. Por cierto, es también en Juego con la Muerte donde Bruce Lee apareció con su conocido traje amarillo avispa, traje que luego fusilaría/homenajearía Tarantino en su soporífera Kill Bill con Uma Thurman de protagonista.

Operación Dragón fue todo un éxito y no solo en Hong Kong, sino en EEUU y en todo el mundo. Dio a Bruce Lee el éxito rotundo que buscaba en occidente, y aunque ya era conocido, con ésta película se le asoció por siempre a las pelis de chinos, guantazos y patadas.

Sería injusto cerrar este post sin mencionar la cañera banda sonora de Lalo Schifrin, cargada de temazos que le van al largometraje como un guante. Este hombre, que además compuso también la BSO de THX 1138 y de la serie Mission: Impossible, consiguió una ambientación setentera con poderosas trompetas, guitarras psicodélicas, violines, todo ello aderezado del necesario toque oriental. El tema que abre la película no debería faltar en la discoteca de todo buen aficionado al cine.

Operación Dragón

Operación Dragón tiene un poco de todo lo que se le puede pedir a este tipo de metrajes: intriga, aventura, acción, una pizca de humor e incluso un buen guión. Todo empieza en Hong Kong. Allí, Lee es un maestro de artes marciales en un templo Shaolin.

Ese hecho le ha valido la invitación para participar en una competición que se celebra en una isla propiedad de un tal Han, y que se encuentra fuera de la jurisdicción internacional. Por ese mismo motivo, Lee es requerido por una organización de espionaje para infiltrarse en la isla y obtener las pruebas que nadie ha podido conseguir aún para incriminar a Han en el tráfico de drogas y la prostitución. Lee acepta el encargo, ya que además Han está ligado a la muerte de su hermana a través de su mano derecha, Oharra.

Operación Dragón
Me llamo Guybrush Threepwood, y quiero ser pirata.

De camino a la isla de Han, conocemos a otros personajes secundarios que se alinearán más adelante del lado de Lee. El primero es Roper, todo un playboy y jugador empedernido que le debe hasta los calzoncillos a la mafia americana. Sus conocimientos como luchador le han proporcionado la posibilidad de pelear en el torneo de Han, y de paso conseguir algún dinero para tapar las deudas con la gente tan chunga que anda tras él. El segundo es Williams, el típico negro del bronx, que huye de EEUU acosado por el racismo, que le llevó a defenderse a hostias de unos policías corruptos. Ambos personajes se conocen ya que fueron compañeros en Vietnam.

Operación Dragón

Operación Dragón
Los más malotes jugando al Grand Theft Auto.

La isla se descubre como un auténtico fortín, donde no hay ni una sola arma de fuego pero a cambio Han se cubre las espaldas con un ejército de luchadores que entrenan incansablemente noche y día. Por otra parte, Han vive en la más absoluta opulencia en su palacio, dedicado a una vida donde mezcla el hedonismo más decadente -fiestas sin fin, banquetes y sexo- con actividades ilícitas relacionadas con la distribución de opio.

Operación Dragón
Fostiones como hogazas.

Operación Dragón
Un glan mago del oliente, Kin Kan Kun el Adivino, me enseñó su glan secleto que ela el súpel disco chino.

Una vez hecha la recepción de los participantes por parte de Han en una fastuosa fiesta, empieza el torneo. Lee, Roper y Williams ganan fácilmente las primeras rondas. Ya por la noche, Lee sale a hacer una pequeña incursión en los dominios del propietario del lugar, a ver si puede encontrar indicios que le incriminen.

Operación Dragón
Vamos a llevarnos bien, o aquí habrá hondonadas de hostias.

Cuando parece que ha encontrado algo interesante, es sorprendido por los guardias, pero los fulmina sin pestañear, y deja pendiente para el día siguiente una visita más en profundidad. En cambio, Williams es sorprendido en una pequeña incursión nocturna, y paga un precio muy alto por ello. Es eliminado fulminantemente por Han.

Al día siguiente, Lee tiene el placer de enfrentarse a Oharra, el asesino de su hermana. Este personaje, por cierto, está interpretado por Robert Wall, otro actor especializado en artes marciales conocido por aquellos años. El combate es uno de los momentos álgidos de la película, y donde Bruce Lee despliega todo su arsenal de movimientos, velocidad, agilidad y flexibilidad. Un combate que ha quedado como uno de los grandes momentos del cine de acción.

Operación Dragón
Patada, patada, codazo, puñetazo, patada.

Han, que también tiene sus motivos para haber organizado un torneo semejante, intenta convencer a Roper para que se una a su sindicato del crimen y le represente en América. Como señal de advertencia le muestra el cadáver de Williams.

Operación Dragón
Un recuerdo de infancia.

A la mañana siguiente, Han obliga a Roper a enfrentarse a Lee como prueba de fuego que demuestre su lealtad. Ante su negativa, Han envía a su mejor luchador. A pesar de todo, Roper consigue la victoria. Cuando parece que ambos van a ser aplastados por las hordas de Han, llegan las tropas internacionales para tomar la isla.

Operación Dragón
Te voy a pinchar como a un berberecho.

El apoteosis llega con el final del filme, en la pelea entre Bruce Lee y el malvado Han haciendo uso de sus garras intercambiables. Como es manco, en su brazo izquierdo va acoplando diferentes armas, a cada cual más letal.

Operación Dragón
Be water my friend.

Bruce Lee al principio recibe de lo suyo y acaba bastante tocado. Pero pronto cambian las tornas. Ambos contendientes llegan a la sala de espejos, donde se desarrolla la parte más emocionante de la pelea. Es posiblemente la escena de combate más mítica en el cine de artes marciales.

Operación Dragón
Espejito espejito, ¿quién es el chinorri más cachas?

Han consigue zurrar a Bruce, le hace sudar la gota gorda y le provoca graves heridas que le hacen sangrar, y a punto está de perder. Pero con tanto golpe y honor mancillado es cuando el amarillo de verdad se pone chillón.

Operación Dragón

¡Kiiiiaaaaaaa!

sábado, 28 de julio de 2007

Terroríficamente divertido (II): El ejército de las tinieblas

Se podría decir que Sam Raimi ha seguido una evolución similar a la de Peter Jackson. Si en el primer post de esta pequeña y terrorífica saga de películas vimos que PJ empezaba con pelis de serie B y terminaba triunfando en Hollywood, a Sam Raimi le ha pasado algo parecido.

Sam también tuvo la oportunidad de empezar experimentando con una rancia cámara de vídeo de su padre, con la que rodó una treintena de filmes cutres y baratos, junto con su amigo de la infancia Bruce Campbell.

El Ejército de las Tinieblas
Buenos días, ¿en qué puedo atenderle?

Entre sus proyectos de baratillo se encuentra Within the woods, la historia de un grupo de adolescentes que luchan por sobrevivir a los zombies de un cementerio indio. Independientemente de la "calidad" del filme, el caso es que recaudó la nada despreciable cifra de 350.000 dólares.

Con todo ese dinero en el bolsillo se pudo embarcar en la aventura cinematográfica que le iba a hacer famoso. En 1981 se saca de la manga Evil Dead, una película que mezclaba humor negro, gore y terror. La película tuvo un éxito inmediato, por lo que se embarcó en hacer una secuela seis años después, Terroríficamente Muertos (Evil Dead II), rebajando el tono gore en favor de más humor negro, llegando casi a parodiar la primera película.

Con este bagaje ya se había hecho un nombre en la industria, lo cual le permitió rodar su primera gran película comercial (Darkman). Pero lo mejor estaba aún por venir. Curiosamente en 1992, el mismo año en que Peter Jackson dejaba flipado a medio mundo con su Braindead, Sam estrenada la tercera película de la trilogía más peculiar que se haya podido ver. Nos referimos claro, a El Ejército de las Tinieblas (Evil Dead III: Army of Darkness).

Más adelante Sam Raimi entraría de lleno en el cine comercial, produciendo películas como Los Picapiedra, y dirigiendo la saga de Spiderman, e incluso se rumorea que podría acabar dirigiendo El Hobbit. Pero esa es otra historia.

La última película de esta trilogía tan singular empieza con nuestro protagonista Ash, que tras los acontecimientos de Evil Dead y Evil Dead II ha sido trasladado accidentalmente por un vórtice temporal al año 1300 en plena edad media, cuando los hombres eran hombres de verdad y programaban sus propios drivers.

El Ejército de las Tinieblas
¡Héroe, y una mierda!

En tan desolador paraje, el bueno de Ash ha tenido la mala suerte de aterrizar en un poblado inglés que se encuentra en guerra con los escoceses, y le toman por uno de ellos por lo cual es esclavizado.

El Ejército de las Tinieblas
Una herramienta para trinchar el pavo

Pese a todo, un curilla cree que se trata de un héroe venido del cielo para liberar a la humanidad de los no-muertos que la asolan. Tras confiscarle sus armas (una escopeta y un brazo con una sierra mecánica incorporada) le ponen a prueba tirándole a un pozo donde se enfrenta a un no-muerto.

El Ejército de las Tinieblas
Esto es una Remington de doble cañón de acero azul cobalto fabricado en Grand Rapids, Michigan y vendido sólo por $109,95, ¿está claro?

Aquí se da una de las escenas míticas de la película. Cuando Ash se dirige al atemorizado pueblo que le rodea, se le va la olla y les suelta toda una perorata digna del mejor vendedor de supermercados del siglo XX. Algo tal que así:

Bien chiflados primitivos, prestad atención. ¿Veis esto? Esto, es mi escoba de fuego, es una Remington de dos cañones del calibre doce, lo mejor que puede ofrecer almacenes S-Mart, la encontraréis en la sección de caza y pesca.

Esta maravilla ha sido fabricada en Grand Rapids, Michigan. Su precio de venta es de $109.95. La culata es de nogal, y los cañones recortados de acero azul cobalto, tiene un gatillo finísimo. Ya lo ven... Compre elegante, compre en S-Mart.

¿¡Entendido!? Estoy en condición de juraros que el próximo primate que sólo intente rozarme, ¡morirá!

Tras vencer al no-muerto y atemorizar a los habitantes del castillo donde iba a ser encerrado, Ash se gana el respeto de todos.... a condición de recuperar el Necronomicón para vencer al ejército de las tinieblas y posteriormente regresar al siglo XX.

El Ejército de las Tinieblas
¿Y si nos jugamos el Necronomicón a los chinos?

Si todo lo acontecido hasta este momento de la película roza la más absoluta -y divertida- extravagancia, lo mejor está aún por llegar, con toques de humor macabro aquí y allá. En su búsqueda del Necronomicón Ash se tiene que enfrentar a extrañas criaturas, incluyendo un clon propio que nace como un brote de sí mismo contra el que tendrá que luchar para acabar con él y tener vía libre.

El Ejército de las Tinieblas
La ministra de cultura reclamando el canon por el préstamo de libros en las bibliotecas públicas

De todas las escenas de la película, la que merece sin ninguna duda ser recordada es cuando Ash trata de recuperar el Necronomicón. Para ello debe pronunciar un conjuro mágico (Klaatu Barada Nikto) pero el desmemoriado protagonista no consigue recordar la última de las palabras (¡cof! ¡cof! ¡cof!) por lo cual el libro cobra vida y le hace la vida imposible al infeliz de Ash.

El Ejército de las Tinieblas
Una top-model de la pasarela Cibeles

A partir de aquí y una vez con el Necronomicón en su poder, Ash y el ejército del duque Henry se enfrentan al ejército de las tinieblas. Seres del inframundo, monstruos, esqueletos y otros no-muertos enarbolan sus diabólicas armas para acabar con la humanidad.

El Ejército de las Tinieblas
Le vamos a dar pal pelo a este humanoide...

El final de la película tiene su anécdota. En el final que se estrenó en la gran pantalla, Ash consigue volver al siglo XX y en el centro comercial tiene un disparatado enfrentamiento a balazo limpio con una dependienta poseída por los no-muertos.

El Ejército de las Tinieblas
Ash, el anti-héroe

En cambio existe un final alternativo en el que Ash toma demasiada dosis de la fórmula que le permitiría dormir hasta el siglo XX, y por ello acaba despertándose en el siglo XXI, encontrándose con un Londres post-apocalíptico devastado por una guerra nuclear.

En cualquiera de los dos casos, tenemos entre manos una de las películas más divertidas, extrañas y entretenidas que se puedan ver, con un montón de momentos para recordar por lo absurdo de la situación, que hace que esta peli sea tan especial y tan original. Desternillante, imaginativa, abracadabrante y sorprendente. ¡Todo un must-see del cine fantástico!

Con esto se acaba la segunda parte de esta peculiar saga de películas bizarras. Mientras llega la tercera entrega, entreténganse, queridos lectores. Den un paseo, lean algo, o vayan de compras. Pero tengan cuidado con los no-muertos y no olviden nunca este buen consejo...

Compre elegante. Compre en S-Mart.