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domingo, 26 de noviembre de 2006

Tiempos interesantes

Últimamente ando leyendo Tiempos Interesantes, una novela del Mundodisco de Terry Pratchett. En la novela aparece Rincewind, un gran tipo que a veces tiene fogonazos de lucidez ecléctica.

Ellos le sonrieron con incomprensión educada y nerviosa.
-Mirad -dijo, frotándose la frente-. Toda esa gente que está en los campos, con los búfalos de agua... Si hicierais una revolución todo les iría mejor, ¿verdad?
-Claro -dijo Mariposa-. Ya no estarían sometidos a los vaivenes crueles y caprichosos de la Ciudad Prohibida.
-Vaya, eso está bien -dijo Rincewind-. Así que vendrían a estar a cargo de sí mismos, ¿verdad?
-Pues claro -dijo Flor de Loto.
-Por medio del Comité del Pueblo -dijo Mariposa.
Rincewind se llevó las manos a la cabeza.
-Os lo juro -dijo-. No sé por qué, pero acabo de tener el vislumbre de una premonición.
Los presentes parecieron impresionados.
-De repente tengo la sensación -continuó- de que no habrá mucha gente de los que sujetan búfalos de agua en el Comité del Pueblo. De hecho... hay una especie de... voz que me dice que gran parte del Comité del Pueblo, corregidme si me equivoco, está ahora mismo delante de mí.
- Al principio, por supuesto -dijo Mariposa-. Los campesinos ni siquiera saben leer y escribir.
-Sospecho que ni siquiera saben ser granjeros como es debido -dijo Rincewind en tono lúgubre-. Por mucho que lleven tres o cuatro mil años haciéndolo.
-Ciertamente creemos que se pueden llevar a cabo muchas mejoras, sí -dijo Mariposa-. Si actuamos de forma colectiva.
-Apuesto a que estarán contentos de verdad cuando se las enseñéis -dijo Rincewind.
Se quedó mirando el suelo con expresión sombría.

[...]

Lo mejor que se puede hacer con los campesinos es dejarlos en paz. Dejarlos que vayan a la suya. Cuando la gente que sabe leer y escribir empieza a luchar en nombre de gente que no sabe, uno acaba teniendo solo otra clase de estupidez. Si queréis ayudarlos, construid una biblioteca bien grande o algo parecido en alguna parte y dejad la puerta abierta.


Las novelas protagonizadas por Rincewind siempre me parecieron las mejores de Mundodisco. Tan buen tipo como mago incompetente, siempre fue un hombre práctico. Y es que alguien que sabe que el peligro de las caídas no reside en la propia caída, sino en el suelo, es que sabe lo que dice.

domingo, 5 de diciembre de 2004

Ríndase, la resistencia es fútil

Al entrar en el metro. En el tren. Los ascensores. Los parkings. Las salas de espera. Las tiendas. Algunas calles. ¡Incluso en la playa! ¡Hilos musicales hilos musicales hilos musicales hilos musicales hilos musicales! Cuando la música deja de ser un placer para convertirse en una obligación y se vuelve ruido.

Comento esto inspirado tras leer El Odio, un libro de Ramón de España que, pese a su título es un ensayo humorístico para mearse de risa que resulta muy recomendable como terapia para cuando se esté asqueado de toda la humanidad.



No puedo evitar citar un pasaje de un capítulo que empieza apuntando a la música "por obligación" y que acaba divagando sobre las lacras musicales que sufrimos hoy en día. El texto en concreto trata sobre los raperos:

No sé qué opinaran ustedes, pero yo creo que los raperos tienen un problema de actitud y de relaciones públicas. Puede que a alguien le guste que un negro vestido con un chándal multicolor y cubierto de cadenas de oro le lea la cartilla desde la MTV mientras le dice, con no muy buenas palabras, que es un blanco hijo de puta al que responsabiliza personalmente de lo mucho que sufren los hermanos allá en el Bronx. Pero a mí, con franqueza, me toca las narices. No soy negro, ni siquiera soy norteamericano, nunca he explotado a nadie y no tengo por qué aguantar que un tipo con unas gafas de uso común en el planeta Plutón me amenace y me señale con el dedo mientras se contorsiona ante una cámara haciendo sonar su repugnante bisutería espacial. Y si quiere decirme que soy un cabronazo, por lo menos que me lo diga con música, que no se limite a largar sus reproches como si estuviera en el púlpito de una iglesia abarrotada de pecadores.

Esa actitud hostil me lleva a responderle de la misma manera. ¿Así que me odias, negro de los cojones? Pues yo a ti también, y cada vez que salgas por la tele señalándome con el dedo cambiaré de canal. Y por cierto, en vez de tomarla conmigo, ¿por qué no te preguntas a qué se debe que tu comunidad no avance ni a tiros mientras hispanos y asiáticos cada día se lo montan mejor? Ya, claro, es más fácil echarle la culpa de todo al hombre blanco, ¿verdad?

Delicioso. Y así repartiendo a diestro y siniestro en varios temas, desde la prensa a los políticos pasando por el fútbol, el amor, y lo que él llama el bonismo, algo así como la sacralización de la cultura del Buen Rollo en esta sociedad. Y por supuesto, la música.

Para los que quieran pasar un buen rato, que disfruten del odio.