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lunes, 12 de julio de 2010
domingo, 21 de marzo de 2010
Grand Chelem
Hoy Francia ha ganado a Inglaterra en el torneo Seis Naciones, y además del campeonato, se lleva el Grand Slam.
Y ¡zas! en toda la boca a la Commonwealth. Un día redondo.
Y ¡zas! en toda la boca a la Commonwealth. Un día redondo.
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domingo, 20 de septiembre de 2009
España está aplastando a Yugoslavia por 20 puntos arriba
Dado que acabamos de ganar el campeonato europeo de baloncesto, procede poner un clásico musical :-D
Los McDonalds están de vacas flacas, ha vencido la tortilla de patatas. En Las Vegas no hay black jack, solo se juega al cinquillo...
Por cierto, ya no se encuentra este tipo de ropa en el Zara, qué pena.
lunes, 30 de junio de 2008
martes, 21 de marzo de 2006
Frikis por goleada
Desde hace algunos días, una mente preclara ha decidido que era hora de rescatar del olvido una de las series emblemáticas de la televisión noventera, santo y seña de los chavales en aquellos tiempos en los que pasamos de dos a cinco canales de la noche a la mañana, y pudimos acceder a un montón de material friki mientras nos merendábamos unos cuantos bollycaos.
La serie es, por supuesto, Oliver y Benji (aka Captain Tsubasa para los frikis incurables), emitida en horario prime time en directa competencia con los telediarios de las otras cadenas (algo irrepetible en la televisión de este país), donde un chaval llamado Oliver Aton (al parecer resulta que se escribe Hutton) se dedicaba a darle al balón en vez de estudiar la fotosíntesis del berberecho nipón.
Es de todos conocidos, a menos que hayáis vivido bajo una piedra queridos lectores, de las increíbles -en todo el sentido de la palabra- andanzas futboleras de estos muchachotes, compañeros y rivales en esos estadios de longitud inabarcable. Por no hablar de personajes estrambóticos, ex-futbolistas brasi-leños alcohólicos, porteros más grandes que sus porterías, delanteros que sufrían tres infartos durante los partidos, públicos demasiado entusiastas, estrategias inverosímiles a la par que absurdas, locutores con más saliva que el suelo de un bar de camioneros, equipos entrañables -quién no se acuerda de los patéticos Niupis, ¿o New Kids?-, jugadores psicópatas, y todos, absolutamente todos ellos más feos que pegar a un padre.
Pero de toda esa fauna, queda impreso a fuego en la retina esa pareja de freaks balompédicos que eran los gemelos Derrick, del equipo Hanawa quienes, rodeados por una panda de mantas, se las arreglaban ellos solos para meterles un paquete de goles al desdichado portero que tuvieran enfrente.
Estos tipos, aparte de compartir placenta durante el embarazo de su desdichada madre, también compartieron su pasión por el esférico durante su niñez, además de heredar -quién sabe de qué padre- unos dientes prominentes y cierta inestabilidad emocional que les llevaba a brincar aquí y allá. Esa característica es la que nos lleva al tema del post de hoy: su absurda técnica de la (tachán) Catapulta Infernal (tachán).
Esta pareja de dos sorprendían al rival realizando una espectacular acrobacia que consistía en que uno de los gemelos se tiraba al suelo de espaldas sobre el césped.

Tras deslizar -siempre de espaldas- unos cien o doscientos metros, su hermano saltaba sobre sus piernas flexionadas.

Los dos hacían fuerza con las piernas, y después de decir abracadabra, saltaba como un piojo hasta alcanzar más o menos la altura de trescientos metros (metro más, metro menos):

El resto es historia: gol, y toda una generación de adolescentes colgados de la tele y flipando con esta gente.
Están locos estos japoneses. Y lo que nos gusta.
La serie es, por supuesto, Oliver y Benji (aka Captain Tsubasa para los frikis incurables), emitida en horario prime time en directa competencia con los telediarios de las otras cadenas (algo irrepetible en la televisión de este país), donde un chaval llamado Oliver Aton (al parecer resulta que se escribe Hutton) se dedicaba a darle al balón en vez de estudiar la fotosíntesis del berberecho nipón.
Es de todos conocidos, a menos que hayáis vivido bajo una piedra queridos lectores, de las increíbles -en todo el sentido de la palabra- andanzas futboleras de estos muchachotes, compañeros y rivales en esos estadios de longitud inabarcable. Por no hablar de personajes estrambóticos, ex-futbolistas brasi-leños alcohólicos, porteros más grandes que sus porterías, delanteros que sufrían tres infartos durante los partidos, públicos demasiado entusiastas, estrategias inverosímiles a la par que absurdas, locutores con más saliva que el suelo de un bar de camioneros, equipos entrañables -quién no se acuerda de los patéticos Niupis, ¿o New Kids?-, jugadores psicópatas, y todos, absolutamente todos ellos más feos que pegar a un padre.
Pero de toda esa fauna, queda impreso a fuego en la retina esa pareja de freaks balompédicos que eran los gemelos Derrick, del equipo Hanawa quienes, rodeados por una panda de mantas, se las arreglaban ellos solos para meterles un paquete de goles al desdichado portero que tuvieran enfrente.
Estos tipos, aparte de compartir placenta durante el embarazo de su desdichada madre, también compartieron su pasión por el esférico durante su niñez, además de heredar -quién sabe de qué padre- unos dientes prominentes y cierta inestabilidad emocional que les llevaba a brincar aquí y allá. Esa característica es la que nos lleva al tema del post de hoy: su absurda técnica de la (tachán) Catapulta Infernal (tachán).
Esta pareja de dos sorprendían al rival realizando una espectacular acrobacia que consistía en que uno de los gemelos se tiraba al suelo de espaldas sobre el césped.
Tras deslizar -siempre de espaldas- unos cien o doscientos metros, su hermano saltaba sobre sus piernas flexionadas.
Los dos hacían fuerza con las piernas, y después de decir abracadabra, saltaba como un piojo hasta alcanzar más o menos la altura de trescientos metros (metro más, metro menos):
El resto es historia: gol, y toda una generación de adolescentes colgados de la tele y flipando con esta gente.
Están locos estos japoneses. Y lo que nos gusta.
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