Mostrando entradas con la etiqueta censura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta censura. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de abril de 2007

Fascismo del siglo XXI

Puta SGAE

Depender de los artistoides para que aparezcan en tus mítines, den la cara y reclamen el voto para ti, o que gentuza como Pilar Bardem tenga por oficio (y beneficio) el manifestarse -porque de lo contrario no tendría de qué comer- sale caro y de alguna forma hay que pagar el precio.

La última idea para ello ha sido permitir que las entidades de gestión y asimiladas estén capacitadas para cerrar una web o bloquear el acceso a Internet de un abonado, sin que la palabra JUEZ figure por ninguna parte. Esta forma de fascismo digital del siglo XXI adopta la forma de artículo 17bis [pdf] del proyecto de ley de la LISI ("Ley De Medidas De Impulso A La Sociedad De La Información", ¡tócate los pies!) que se está intentando hacer pasar a toda costa. La cosa tiene guasa, porque después de una aparente marcha atrás en la introducción del artículo, las partes interesadas (dejo a la imaginación del lector el averiguar cuáles son las partes interesadas) han vuelto con fuerzas renovadas para que el articulillo cuele.

Por supuesto aquí no ha pasado nada, ni los medios de comunicación se han hecho eco de semejante barbaridad, ni nadie ha corrido a manifestarse con el teléfono cargado de SMS, ¡pásalo! Aquí nadie dice nada. ¿Por qué este silencio? ¿Por qué tanta boca cerrada? ¿Por qué los borregos son tan dóciles cuando interesa?

Menos mal que en Internet hay otras fuentes a las que acudir, como la blogosfera. Más información en internautas.org, David Bravo, Barrapunto, Hispamp3 y por supuesto Google.

miércoles, 28 de diciembre de 2005

Alguno vendrá que bueno te hará

No hace tanto tiempo asistíamos incrédulos al mayor caso de manipulación informativa protagonizado por Urdaci desde la televisión pública. Aquél caso de desinformación -por emplear un eufemismo- se zanjó con una sentencia y con una lamentable rectificación con la boca pequeña ("cé cé ó ó").

Tiempo después se puede comprobar que no se ha aprendido nada de aquella lección, y lejos de rectificar, se ahonda en la manipulación y la mentira, hasta el punto de institucionalizarla. Con esto nos hemos encontrado estos días, y al parecer algo demasiado parecido a una policía política velará por "la veracidad" de lo que nos cuenten (¿la "veracidad" desde qué punto de vista? Nos lo podemos imaginar), siguiendo el camino trazado de otros fachillas disfrazados con piel de cordero.

Aunque esta iniciativa increíble para los tiempos que corren (estamos en el siglo XXI, señores...) más propia de los años 50 no ha pasado desapercibida para la gente que tiene dos dedos de frente (y un poco de vergüenza), no deja de ser muy triste ver cómo antes los medios estaban con el aliento sobre el cogote del gobierno -lo que está muy bien, por cierto- y de esa situación hemos pasado a la anestesia más absoluta, donde nadie encuentra nada raro, y todos se complacen escuchando lo que quieren oír, leyendo solamente lo que quieren que les cuenten y viendo lo que quieren que les enseñen, sin ninguna autocrítica ni vergüenza ajena.

Treinta años y nada ha cambiado. Bueno, una cosa sí: antes se intentaba controlar los medios. Ahora directamente se compran. Qué pena. Y qué miedo me dais.