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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Monos malvados

El mundo de la TV y el cine ha tenido sus personajes malos. Pero los más malvados, los que ponen la carne de gallina, son los monos. A saber:

Monos malvados

El Mono Malvado del Armario, que aterroriza a Chris Griffin en la serie Padre de Familia.

Monos malvados

El doctor Zaius, científico simiesco en el Planeta de los Simios, que esclaviza a la humanidad y baila breakdance en los musicales de Broadway.

Cuidado si os cruzáis con alguno de estos monos, estáis a tiempo de huir.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Todo el mundo quiere ser encontrado

¿Qué es la soledad? A esta pregunta cada persona podría responder de una forma diferente, en función de cómo la sienta y de sus vivencias. ¿Quién no se ha sentido solo en algún momento de su vida? La respuesta de Sofía Coppola a esta cuestión viene en forma de celuloide bajo el nombre de Lost in Translation.

Lost in Translation
Gracias, Sofía Coppola, por este primer fotograma.

Bill Murray y Scarlett Johansson se meten en la piel de dos personajes -Bob Harris y Charlotte- que han ido a parar a Tokio por diversos motivos. Él, una estrella de cine en declive que vive de la fama de las películas que interpretaba en los años 70 y que ahora se limita a protagonizar anuncios de productos por todo el mundo, ha llegado a la capital de Japón a trabajar en una campaña de whisky Suntory. Su apretada agenda le lleva del estudio de grabación a una sesión fotográfica, pasando por los programas de televisión japoneses más populares.

Lost in Translation
Bajitos, y calvos como yo, qué pringaos.

Lost in Translation
El Jesús Vázquez japonés.

Ella, una joven veinteañera recién licenciada en filosofía que acompaña a su marido John, un fotógrafo fashion-trendy y adicto a su trabajo, hasta Tokio.

Lost in Translation
¿Dónde están mis calzoncillos CK?

Las circunstancias de ambos en origen difieren bastante. Bob está pendiente de sus hijos y de su esposa que le martiriza entre faxes y llamadas telefónicas a horas intempestivas con conversaciones tan intrascendentes como pedirle su opinión acerca de la moqueta que van a instalar en su casa. En cambio Charlotte descubre tras dos años de matrimonio que no conoce ni a su marido ni a ella misma. Tras terminar sus estudios no sabe quién es ni lo que quiere hacer en la vida.

Lost in Translation
Línea transoceánica que enlaza con Nuevos Ministerios. Definitivamente a Gallardón se le ha fundido el fusible.

Ambos personajes, muy diferentes, viven en el filo de la navaja, sintiendo vértigo por la vida, sus incertidumbres, sus preguntas sin responder. Él se siente desvanecer por una vida gris, por veinticinco años de matrimonio estancado, por la falta de motivación. Ella está al borde del abismo que representa el no saber adónde ir ni qué hacer, sin encontrar una dirección. Los dos son diferentes pero complementarios y fundamentalmente similares. Están solos y perdidos en la vida, de la misma forma que están perdidos en una ciudad extraña de un país lejano en un continente al otro lado del globo. Perdidos en la traducción de un idioma incomprensible e ilegible.

Lost in Translation
Un paseo por el distrito Shibuya.

Lost in Translation
Los habitantes de Tokio jugando a la rayuela gigante.

Días extraños enlazados con noches en blanco interminables por el jet lag, viendo la televisión con la mirada perdida, o la panorámica de la ciudad inhumana desde lo aislado de sus habitaciones de hotel colgadas por encima del tumulto que no cesa. Perdidos en Tokio, que no es un sitio más de la película, sino un personaje plenamente constituido -y toda una elección acertada de la directora que es también la autora del guión- como una metáfora de la situación de Bob y Charlotte. Dos personas desconocidas que se encuentran en un lugar desconocido, Tokio, erigido como un refugio emocional.

Lost in Translation
Tokio la nuit.

Tanto el uno como el otro no lo tienen fácil en su estancia en Japón. La mayor parte del día lo pasan solos sin comprender a su entorno. La directora juega con este factor para acentuar esa sensación de desamparo. Para ello les pone en situaciones difíciles, a veces exasperantes, donde el desconocimiento del idioma les deja a merced de lo que les rodea.

Lost in Translation
For relaxing times, make it Suntory time.

Por ejemplo, la escena en la que Bob tiene que rodar un spot publicitario para Suntory. El director del anuncio es un moderno insufrible que no hace más que hablar y hablar en una especie de onanismo cultureta para autosatisfacción de su ego y su ombligo. En una escena genial, la traductora apenas reduce a Bob toda la parrafada del director en un par de frases escuetas. Evidentemente Bob se encuentra perdido y desbordado por los acontecimientos. Y toda la escena, sin subtítulos, hace que el espectador se sienta tan perdido como su protagonista.

Lost in Translation
¿A que no te bebes esta botella a hidalgo?

Lost in Translation
Logel Mool.

Para los que hayan visto la película y hayan sentido curiosidad por todo lo que se dice en la escena, aquí va una traducción (en inglés):

Director (in Japanese to the interpreter): The translation is very important, O.K.? The translation.
Interpreter: Yes, of course. I understand.
Director: Mr. Bob-san. You are sitting quietly in your study. And then there is a bottle of Suntory whiskey on top of the table. You understand, right? With wholehearted feeling, slowly, look at the camera, tenderly, and as if you are meeting old friends, say the words. As if you are Bogie in "Casablanca," saying, "Cheers to you guys," Suntory time!
Interpreter: He wants you to turn, look in camera. O.K.?
Bob: That's all he said?
Interpreter: Yes, turn to camera.
Bob: Does he want me to, to turn from the right or turn from the left?
Interpreter (in very formal Japanese to the director): He has prepared and is ready. And he wants to know, when the camera rolls, would you prefer that he turn to the left, or would you prefer that he turn to the right? And that is the kind of thing he would like to know, if you don't mind.
Director (very brusquely, and in much more colloquial Japanese): Either way is fine. That kind of thing doesn't matter. We don't have time, Bob-san, O.K.? You need to hurry. Raise the tension. Look at the camera. Slowly, with passion. It's passion that we want. Do you understand?
Interpreter (In English, to Bob): Right side. And, uh, with intensity.
Bob: Is that everything? It seemed like he said quite a bit more than that.
Director: What you are talking about is not just whiskey, you know. Do you understand? It's like you are meeting old friends. Softly, tenderly. Gently. Let your feelings boil up. Tension is important! Don't forget.
Interpreter (in English, to Bob): Like an old friend, and into the camera.
Bob: O.K.
Director: You understand? You love whiskey. It's Suntory time! O.K.?
Bob: O.K.
Director: O.K.? O.K., let's roll. Start.
Bob: For relaxing times, make it Suntory time.
Director: Cut, cut, cut, cut, cut! (Then in a very male form of Japanese, like a father speaking to a wayward child) Don't try to fool me. Don't pretend you don't understand. Do you even understand what we are trying to do? Suntory is very exclusive. The sound of the words is important. It's an expensive drink. This is No. 1. Now do it again, and you have to feel that this is exclusive. O.K.? This is not an everyday whiskey you know.
Interpreter: Could you do it slower and ....
Director: With more ecstatic emotion.
Interpreter: More intensity.
Director (in English): Suntory time! Roll.
Bob: For relaxing times, make it Suntory time.
Director: Cut, cut, cut, cut, cut! God, I'm begging you.


Lost in Translation

Sofía Coppola ha sabido plasmar esas sensaciones encontradas en todas las fases de la película. Desde un guión impoluto dirige una sucesión de escenas perfectamente elegidas. El guión sabe cuándo hacer hablar a sus personajes, y sabe también cuándo hacerlos callar, pues los silencios en esta película son casi más importantes que sus diálogos. La sutileza que queda plasmada en los paisajes, en las miradas llenas de estupor y admiración, en Charlotte dejándose llevar aturdida por los templos budistas, o en Bob recorriendo la ciudad y contemplando asombrado sus neones brillantes desde la ventana de su limusina. Todos esos momentos marcan un tempo perfecto para que la historia discurra por sí misma, vital algunas veces, pausado -que nunca lento- otras.

Lost in Translation

Lost in Translation

Estos silencios vienen a recalcar la soledad que sufren ambos personajes. Charlotte siempre abandonada por su marido, un personaje cuasi cómico que siempre aparece de manera fugaz y que entra en pantalla sólo para evaporarse de la escena instantes después, maleta en mano. Tampoco se siente identificada con los amigos de su marido, como por ejemplo una actriz de películas de acción que se encuentran por azar en el hotel: todo un ejemplo de persona vacua con la que Charlotte no puede sino sentirse a años luz. El resultado es que Charlotte está sola aún rodeada de gente, quedando su mundo reducido al hotel y lo que puede ver vagando por Tokio.

Lost in Translation

Por otro lado está Bob, frustrado por una trayectoria que toca a su fin y una esposa que ya no le necesita, y que tampoco busca comprenderle como demuestra la conversación que mantienen por teléfono: "Me gustaría cuidarme más, comer más sano, como la comida japonesa", "Pues puedes quedarte ahí para comerla a diario". Esta soledad es la clave de una película que apuesta por la creencia de que dos extraños pueden encontrar en el otro la comprensión de los problemas que les aturden.

Lost in Translation
Los desastres del jet lag.

Puede parecer paradójico, pero con un extraño puede resultar más asequible el hablar de tus problemas más profundos pero a la vez permaneciendo en un plano más indefinido, haciéndole cómplice aún sin tener que entrar en detalles que alguien conocido te preguntaría. Charlotte y Bob son dos personas presas del jet lag que se pasan los días deambulando entre los pasillos, la piscina o el bar del hotel donde están largos ratos sin hacer nada, pero que les es suficiente para encontrarse y cruzar unas pocas frases para entrar en sintonía y encontrar la complicidad que echaban en falta.

Lost in Translation

Lost in Translation
Los videojuegos, el way of life de Japón.

Hay que añadir que Sofía Coppola ha tenido el acierto de tratar la relación de ambos con mucha delicadeza. Nada de besos apasionados ni de noches tórridas en la cama, muy propio del cine hollywoodiense. En cambio la relación de Bob y Charlotte transcurre dentro de una línea de complicidad que les ata en un plano más allá que el carnal. Miradas, gestos y silencios son más que suficientes para que el espectador sepa lo que ellos sienten y necesitan de la otra persona. Todo ocurre sin ocurrir, sin la necesidad de lo obvio. Ahí entra en juego el tercer personaje, Tokio, que les permite por un breve lapso de tiempo en sus vidas liberarse de sus ataduras, perder sus identidades, encontrarse a ellos mismos.

Lost in Translation
Un campo de golf vacío en Japón: sci-fi del bueno.

Juegan a perderse en las calles de la ciudad, conociéndola como no lo haría ningún turista, en pubs escondidos en rincones recónditos, acompañados por sus amigos japoneses. Una fiesta, música, focos y luces de una discoteca, una cena en un restaurante de sushi, una sesión de karaoke -mítica, con Bill Murray cantando el More Than This- con canciones implícitas de lo que está aconteciendo, los neones de Tokio y las luces de sus rascacielos, los ruidos de sus salas de videojuegos... el personaje de Tokio siempre acompañando a la acción que se desarrolla en la mente del espectador.

Lost in Translation
Corre, o los zombies ludópatas nos comerán el cerebro.

Por supuesto, en este blog no se puede dejar pasar la ocasión de mencionar la banda sonora. Suave y aterciopelada, cada tema está perfectamente elegido y magistralmente aplicado en el momento perfecto. Ver a Charlotte perderse por Tokio con los compases serenos de temas como Fantino, Tommid, On The Subway, o Alone in Kyoto. O a Bob llegando a Japón envuelto en la hipnótica melodía de Girls (Death in Vegas). Ver a Bob y Charlotte volver de una noche de fiesta a ritmo de Sometimes de los My Bloody Valentine mientras miran la bahía con los ojos vidriosos, la mirada perdida del que ha disfrutado cada segundo pero su cuerpo le dice basta. También hay sitio para los temas vitales y potentes de una noche sin fin como Too Young, de Phoenix, o The State We're In de los Chemical Brothers. Sin olvidarse de temas eternos como el God Save the Queen de los Sex Pistols, More Than This de Roxy Music, o Brass in Pocket de los Pretenders, para una sesión de karaoke en la que uno hubiera deseado estar sin ninguna duda. En resumen, una banda sonora soberbia, a la altura de la película, vigorosa en el momento adecuado, y melancólica y delicada cuando debe serlo.

Lost in Translation
More than this.

Como no podía ser de otra forma, Sofía Coppola sabe terminar magistralmente su obra maestra con la sutileza que ha demostrado a lo largo de todo el metraje. Una relación explícitamente indefinida, a ritmo de los acordes del tema Just Like Honey, de los The Jesus & Mary Chain, con la letra más adecuada a ese momento tan amargamente dulce.

Lost in Translation

Listen to the girl
As she takes on half the world
Moving up and so alive
In her honey dripping beehive
Beehive
It's good, so good, it's so good
So good

Walking back to you
Is the hardest thing that
I can do
That I can do for you
For you

I'll be your plastic toy
I'll be your plastic toy
For you

Eating up the scum
Is the hardest thing for
Me to do

Just like honey


Lost in Translation

Esta película es una joya, y quienes sepan apreciarla la disfrutarán aún más en versión original. Disfrutad de sus diálogos, de sus silencios, de su música, de sus sentimientos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Gloria bastarda

Bueno bueno, ya era hora de que Quentin Tarantino hiciese algo a la altura de Pulp Fiction. Con Malditos Bastardos por fin deja atrás ese coñazo llamado Kill Bill. Totalmente recomendable.

jueves, 9 de julio de 2009

Humor negro

Joker

¿Qué le dice el Joker a Sirius Black?....

Sirius Black

Why so Sirius? LOOOOL

domingo, 8 de marzo de 2009

Los clásicos nunca mueren: se los cargan

Hace un momento me he puesto a ver la película que daban en la televisión, Casino Royale en su versión de 2006. Llegado un momento, ha aparecido James Bond -interpretado por Daniel Craig que tiene la misma capacidad de una silla para transmitir algo- conduciendo un Ford Mondeo. En ese momento he pasado de seguir viendo la película ya que me ha parecido una cutrez y una paletada. Señores, seamos serios. ¡James Bond jamás conduciría un Ford Mondeo!

Me da pena por Sean Connery, él sí que tenía clase como 007.

Por cierto, la única Casino Royale que valga es la de 1967, con David Niven y Peter Sellers (algún día prometo escribir un post). Todo lo demás son persecuciones y explosiones para el lumpen.

sábado, 7 de marzo de 2009

Quis custodiet ipsos custodes o su puta madre

Mira que las películas basadas en superhéroes de cómic son malas, pero que malas-insufribles. Tres abominables entregas de Spiderman, otras tantas de X-Men, que si Hulk, los 4 Fantásticos y demás morralla comiquera nos han hecho potar cada vez que le hemos dado una nueva oportunidad a la gran pantalla. Pero erre que erre, el resultado acababa siendo el mismo: puños por el culo por doquier a productor, director, guionista y actores, que se empeñan en hacer llorar al niño Jesús mientras se arranca los ojos de cuajo y se los mete por el culo.

Pero con Watchmen han llegado demasiado lejos. No hay derecho a que nos martiricen durante 160 minutos con un bodrio que te da ganas de tirarte al suelo, llorar y patalear como una niñata con berrinche.

Esto me pasa por ser demasiado indulgente y pensar "venga, si después de todo no puede ser tan malo". Trataré de que no vuelva a ocurrir.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Jaws

Jaws

De los muchos personajes bizarros que han aparecido en la larga saga de James Bond, uno de los que más me ha atraído la atención es Jaws. Ese gigantón cabroncete pero con la sensación de que en el fondo es un pedazo de pan, interpretado por Richard Kiel siempre me fascinó por esos enormes piños de metal macizo que le pusieron en las películas de La espía que me amó, y Moonraker. Con sus impresionantes 2'18 metros y sus mandíbulas de acero dio el pego perfectamente como asesino en la saga de nuestro agente favorito. Va por él.

lunes, 27 de octubre de 2008

Amarillo chillón

Es una tarde calurosa de verano. Acabas de ver el telediario de TVE en una tele en blanco y negro, y mientras en la sobremesa suena la musiquilla de El Gran Circo de TVE de fondo, te vistes con tu chándal de lona azul y te calzas tus zapatillas Adidas clásicas con sus tres bandas blancas características. Unas gafas de sol estilo glam de muy dudoso gusto acaban de rematar el conjunto.

Sales a la calle y te rodean Seat 124 y algunos 600. Ocasionalmente también puedes ver algunos Ford Escort, unos pocos Mini y Citroën 2CV. Has llegado al cine de tu barrio, que está dos calles más allá. El lugar es un poco cutre, y la cartelera deja bastante que desear, cosa de la censura. Algún día conseguirás ver Emmanuelle sin tener que cruzar la frontera, pero mientras tanto te tienes que conformar con lo que hay.

Te atiende en la taquilla un hombre canoso y de aspecto aburrido. Cuando entras, el mismo hombre te pica el billete, te atiende en la tienda de golosinas, y hace las funciones de acomodador: todo un trabajador polifacético. La crisis del petróleo se ha hecho notar en la audiencia y para mantener abierto el cine, otros currantes se han tenido que ir a la calle.

Una vez en tu butaca, y después de la publicidad de una tienda de muebles local, empieza la película. Aparecen unas exóticas imágenes de Hong Kong, y la potente banda sonora de Lalo Schifrin atrona la sala medio vacía.

Efectivamente, estás en 1973, y acaba de comenzar Operación Dragón.

Operación Dragón

Cuando el joven Bruce Lee empezó a desarrollar su talento de luchador de artes marciales, comprendió que bien podría tener su oportunidad en el cine de acción repartiendo tortas como panes haciendo gala del estilo que él mismo inventó, el Jeet Kune Do. Pese a llamar a varias puertas para conseguir algún papel en Hollywood, el género de las películas que pretendía protagonizar y el factor racismo -o eso cuentan las malas lenguas- le llevaron a probar suerte muy lejos de su California natal, allá por Hong Kong. La isla, por aquél entonces aún bajo control británico, era una ciudad dinámica donde cualquier proyecto que diese dinero tenía las puertas abiertas. Allí, donde una pequeña industria emergente de cine de serie B tenía su audiencia fiel, Bruce Lee tuvo la posibilidad de protagonizar películas de artes marciales -películas de chinos como se llaman aquí- repartiendo por doquier su patada lateral, patada con salto, y patada giratoria, por supuesto todas ellas aderezadas con sus gritos ¡kiaaaa! de luchador marcial avezado. Bruce Lee ya era una estrella del cine de Hong Kong, todo un género en sí mismo, y sus películas se contaban por taquillazos. Pero le faltaba el éxito en los EEUU donde había nacido.

Operación Dragón
¡Quiero un Óscar!

Fue entonces cuando el productor Fred Weintraub convenció a la Warner para que produjese una película con Bruce de protagonista. Como director elegirían a Robert Clouse, que también dirigiría a Bruce Lee en su film póstumo Juego con la Muerte, donde el malogrado actor protagonizaría, sin saberlo todavía, la que iba a ser su última película en vida, y que por otra parte profetizaría la muerte de su propio hijo Brandon Lee cuando rodaba El Cuervo. Por cierto, es también en Juego con la Muerte donde Bruce Lee apareció con su conocido traje amarillo avispa, traje que luego fusilaría/homenajearía Tarantino en su soporífera Kill Bill con Uma Thurman de protagonista.

Operación Dragón fue todo un éxito y no solo en Hong Kong, sino en EEUU y en todo el mundo. Dio a Bruce Lee el éxito rotundo que buscaba en occidente, y aunque ya era conocido, con ésta película se le asoció por siempre a las pelis de chinos, guantazos y patadas.

Sería injusto cerrar este post sin mencionar la cañera banda sonora de Lalo Schifrin, cargada de temazos que le van al largometraje como un guante. Este hombre, que además compuso también la BSO de THX 1138 y de la serie Mission: Impossible, consiguió una ambientación setentera con poderosas trompetas, guitarras psicodélicas, violines, todo ello aderezado del necesario toque oriental. El tema que abre la película no debería faltar en la discoteca de todo buen aficionado al cine.

Operación Dragón

Operación Dragón tiene un poco de todo lo que se le puede pedir a este tipo de metrajes: intriga, aventura, acción, una pizca de humor e incluso un buen guión. Todo empieza en Hong Kong. Allí, Lee es un maestro de artes marciales en un templo Shaolin.

Ese hecho le ha valido la invitación para participar en una competición que se celebra en una isla propiedad de un tal Han, y que se encuentra fuera de la jurisdicción internacional. Por ese mismo motivo, Lee es requerido por una organización de espionaje para infiltrarse en la isla y obtener las pruebas que nadie ha podido conseguir aún para incriminar a Han en el tráfico de drogas y la prostitución. Lee acepta el encargo, ya que además Han está ligado a la muerte de su hermana a través de su mano derecha, Oharra.

Operación Dragón
Me llamo Guybrush Threepwood, y quiero ser pirata.

De camino a la isla de Han, conocemos a otros personajes secundarios que se alinearán más adelante del lado de Lee. El primero es Roper, todo un playboy y jugador empedernido que le debe hasta los calzoncillos a la mafia americana. Sus conocimientos como luchador le han proporcionado la posibilidad de pelear en el torneo de Han, y de paso conseguir algún dinero para tapar las deudas con la gente tan chunga que anda tras él. El segundo es Williams, el típico negro del bronx, que huye de EEUU acosado por el racismo, que le llevó a defenderse a hostias de unos policías corruptos. Ambos personajes se conocen ya que fueron compañeros en Vietnam.

Operación Dragón

Operación Dragón
Los más malotes jugando al Grand Theft Auto.

La isla se descubre como un auténtico fortín, donde no hay ni una sola arma de fuego pero a cambio Han se cubre las espaldas con un ejército de luchadores que entrenan incansablemente noche y día. Por otra parte, Han vive en la más absoluta opulencia en su palacio, dedicado a una vida donde mezcla el hedonismo más decadente -fiestas sin fin, banquetes y sexo- con actividades ilícitas relacionadas con la distribución de opio.

Operación Dragón
Fostiones como hogazas.

Operación Dragón
Un glan mago del oliente, Kin Kan Kun el Adivino, me enseñó su glan secleto que ela el súpel disco chino.

Una vez hecha la recepción de los participantes por parte de Han en una fastuosa fiesta, empieza el torneo. Lee, Roper y Williams ganan fácilmente las primeras rondas. Ya por la noche, Lee sale a hacer una pequeña incursión en los dominios del propietario del lugar, a ver si puede encontrar indicios que le incriminen.

Operación Dragón
Vamos a llevarnos bien, o aquí habrá hondonadas de hostias.

Cuando parece que ha encontrado algo interesante, es sorprendido por los guardias, pero los fulmina sin pestañear, y deja pendiente para el día siguiente una visita más en profundidad. En cambio, Williams es sorprendido en una pequeña incursión nocturna, y paga un precio muy alto por ello. Es eliminado fulminantemente por Han.

Al día siguiente, Lee tiene el placer de enfrentarse a Oharra, el asesino de su hermana. Este personaje, por cierto, está interpretado por Robert Wall, otro actor especializado en artes marciales conocido por aquellos años. El combate es uno de los momentos álgidos de la película, y donde Bruce Lee despliega todo su arsenal de movimientos, velocidad, agilidad y flexibilidad. Un combate que ha quedado como uno de los grandes momentos del cine de acción.

Operación Dragón
Patada, patada, codazo, puñetazo, patada.

Han, que también tiene sus motivos para haber organizado un torneo semejante, intenta convencer a Roper para que se una a su sindicato del crimen y le represente en América. Como señal de advertencia le muestra el cadáver de Williams.

Operación Dragón
Un recuerdo de infancia.

A la mañana siguiente, Han obliga a Roper a enfrentarse a Lee como prueba de fuego que demuestre su lealtad. Ante su negativa, Han envía a su mejor luchador. A pesar de todo, Roper consigue la victoria. Cuando parece que ambos van a ser aplastados por las hordas de Han, llegan las tropas internacionales para tomar la isla.

Operación Dragón
Te voy a pinchar como a un berberecho.

El apoteosis llega con el final del filme, en la pelea entre Bruce Lee y el malvado Han haciendo uso de sus garras intercambiables. Como es manco, en su brazo izquierdo va acoplando diferentes armas, a cada cual más letal.

Operación Dragón
Be water my friend.

Bruce Lee al principio recibe de lo suyo y acaba bastante tocado. Pero pronto cambian las tornas. Ambos contendientes llegan a la sala de espejos, donde se desarrolla la parte más emocionante de la pelea. Es posiblemente la escena de combate más mítica en el cine de artes marciales.

Operación Dragón
Espejito espejito, ¿quién es el chinorri más cachas?

Han consigue zurrar a Bruce, le hace sudar la gota gorda y le provoca graves heridas que le hacen sangrar, y a punto está de perder. Pero con tanto golpe y honor mancillado es cuando el amarillo de verdad se pone chillón.

Operación Dragón

¡Kiiiiaaaaaaa!

viernes, 29 de agosto de 2008

No somos nada

Monty Python

De todo lo que hicieron los Monty Python lo que siempre me llamó más la atención fue su surrealista e irrepetible película El Sentido de la Vida. Y en esa película, la canción conocida como The Galaxy Song, que dice así:

Whenever life gets you down, mrs. Brown
And things seem hard or tough
And people are stupid, obnoxious or daft
And you feel that you've had quite eno-o-o-o-o-ough

Just remember that you're standing on a planet that's evolving
And revolving at nine hundred miles an hour
Thas orbiting at ninety miles a second, so it's reckoned
A sun that is the source of all our power

The sun, and you and me, and all the stars that we can see
Are moving at a million miles a day
In an outer spiral arm, at forty thousand miles an hour
Of a galaxy we call the milky way

Our galaxy itself contains a hundred billion stars;
It's a hundred thousand light-years side to side;
It bulges in the middle sixteen thousand light-years thick
But out by us it's just three thousand light-years wide

We're thirty thousand light-years from galactic central point
We go 'round every two hundred million years;
And our galaxy itself is only one of millions of billions
In this amazing and expanding universe

The universe itself keeps on expanding and expanding
In all of the directions it can whiz;
As fast as it can go, the speed of light, you know
Twelve million miles a minute and that's the fastest speed there is

So remember, when you're feeling very small and insecure
How amazingly unlikely is your birth;
And pray that there's intelligent life somewhere out in space
Cause there's bugger all down here on earth!


Se puede buscar en youtube.

lunes, 7 de abril de 2008

Fin de ciclo

Es curioso que jamás haya escrito en este blog acerca de Los Simpsons, una de mis series fetiche y la que considero que ha sido LA serie de los años 90. También es una pena que lo haga ahora, dadas las circunstancias actuales de la serie.

Hasta que aparecieron estos amarillentos personajillos, las comedias de televisión se limitaban a ser sitcoms con gags más o menos acertados. Pero llegaron Los Simpsons para romper moldes. Con sus guiones ácidos y cargados de saña demostraron que unos dibujos animados no tenían que estar necesariamente dirigidos a un público infantil, y que podían competir en horario prime time con otros pesos pesados de la televisión. No sólo compitieron, sino que arrasaron. Además abrieron brecha para que otras series de corte similar -la brillantísima South Park y la divertida Padre de Familia por ejemplo- triunfaran en la parrilla televisiva. El éxito se mantuvo durante una década, exactamente la que va de 1990 al 2000, con diez temporadas que destilaban chispa y genio.

Pero con el tiempo acabó pasando lo que tenía que pasar. Las ideas se agotaron, los guiones se vinieron abajo, y Los Simpsons acabaron siendo una sitcom corriente y moliente, una más del montón como tantas otras tal que Friends que triunfaba por entonces. Las temporadas que siguieron eran cada vez peores, y la diversión se reducía a gags mediocres de Bart, Homer y compañía. La serie lleva desde entonces en una caída en barrena que la Fox no quiere detener, pues no en vano Los Simpsons siguen reportándole mucha pasta gansa pese a que sea un monstruo que se les ha ido de las manos.

Matt Groening, que de tonto no tiene un pelo, vio en seguida dónde estaba el filón y no tardó en sacar a la luz Futurama, un sucedáneo futurista de Los Simpsons que se ahorraba la chispa de los guiones en favor de unos gags más chocantes -incluyendo el sexo, un tema que usado con inteligencia siempre va a resultar- con unos personajes más o menos carismáticos como Bender. La jugada le salió redonda: los frikis la acogieron con los brazos abiertos pese a que siempre estuvo un nivel por debajo de su predecesora, pero es que para triunfar le era suficiente con unos chistes afortunados, el aval de Matt Groening, y poco más.

Con Futurama medio triunfando y dando pasta a espuertas, y con Los Simpsons en declive total pero reportando beneficios igualmente, llegamos al punto más lamentable del asunto, la película de Los Simpsons.

Tenía claro que la serie ya no tenía absolutamente nada que ofrecer, pero a estas alturas sacar una película era un ejercicio de absoluto mal gusto. Un guión lamentable, una historia intrascendente, un afán por mostrar a cuantos más personajes mejor, unos gags penosos para llorar y no parar, todo el metraje es un compendio de la basura total desde su primer segundo hasta el último. Y el colmo de lo patético, si es que se puede destacar algo en este desaguisado, es el chiste de Spider Cerdo. Creo que no se podía haber caído tan bajo.

The Simpsons

Para los que hayan visto la película, todo se resume en su primera frase: para qué pagar por ver esto si se puede ver gratis. Y ni siquiera, puesto que la película no vale ni los céntimos que cuesta un DVD virgen. Que me devuelvan mi dinero.

sábado, 2 de febrero de 2008

¡Bien excursionistas, arriba!

- Despertad y no olvidéis los descansos, porque hoy hace frío.
- Hace frío todos los días, ¿dónde te creías que estabas, en Miami? Pues te equivocas.

Bueno bueno, hoy es día 2 de febrero, y como cada año eso significa que ya ha llegado el Día de la Marmota. Sí, este día no es un invento de la fenomenal película protagonizada por Bill Murray, Andie MacDowell y Chris Elliott, sino que existe realmente, allá por los EEUU.

Día de la Marmota
¡Toc toc! Hoy toca pagar el alquiler.

Hoy, en el pueblo de Punxsutawney están de celebración porque la marmota más famosa del mundo, Punxsutawney Phil, anuncia si el invierno permanecerá por seis semanas más o bien al contrario, llegará pronto el calor primaveral a esas lejanas tierras de Pennsylvania. Por cierto, el pronóstico de esta misma mañana ha sido que habrá más invierno:

As I look around me,
a bright sky I see,
and a shadow beside me.
Six more weeks of winter it will be!

Partiendo de ese folclórico festival, Harold Ramis dirigió en 1993 una genial comedia romántica y aprovechando un no menos genial guión se marcó una de las mejores comedias de la década pasada.

Día de la Marmota
Iros a la mierda, con lo bien que estaba en mi kely de 30m2.

La idea es sencilla, brillante y magistralmente aprovechada. Un famoso hombre del tiempo de una televisión local de Philadelphia es enviado al culo del mundo, concretamente a Punxsutawney, a hacer un reportaje de la fiesta local de la p**a marmota. Phil Connors (Bill Murray) es conocido entre su entorno más cercano por ser un borde insoportable, una mala persona, un engreído, un egoísta, y todo lo malo que se os pueda ocurrir. De esa guisa y acompañado por la productora de la cadena Rita (Andie MacDowell) y el cámara Larry (Chris Elliott) se va a repartir puños por el culo.

Día de la Marmota
¡Os odio a todos! ¡A TODOS!

En su mar de amargura, Phil se da cuenta de que algo extraño está ocurriendo. Cada día se levanta a las 6h00 de la mañana, escucha la misma música y los mismos chascarrillos de los locutores de la radio local, ve a la misma gente hacer las mismas cosas, como un déja vu infinito, y todos los días son para él el Día de la Marmota, viéndose obligado a presentar una y otra vez ese festival que tanto odia, repitiendo el mismo día una y otra y otra y otra vez.

Día de la Marmota
Ganas de matar aumentando.

Phil pasa por varias fases. Incredulidad, angustia, abnegación, desesperación. Incluso llega a apreciar el día a día con los pintorescos habitantes del gélido pueblo del norte de los EEUU. Pero no le queda más remedio que adaptarse y saborear de las pequeñas alegrías que le brinda el pueblo y los que en él habitan. Irremediablemente acaba relajando su carácter agrio y borde, e intenta llevar de la mejor forma posible el "castigo" que le ha sido impuesto.

Día de la Marmota
Te voy a contar un secreto: sé de qué color son tus bragas.

La película tiene esa chispa de las buenas comedias románticas de los años 80. El argumento es estupendo, nunca llega a empalagar y se hace muy entretenida. Por otra parte, tiene el mérito de incluir en su reparto a Bill Murray, un tipo que ha protagonizado muchas de mis películas preferidas desde los años 80 hasta hoy en día, como Cazafantasmas (1984), La pequeña tienda de los horrores (1986) y Lost in Translation (2003), películas que todas ellas merecen un post aparte y que espero poder hacerlo algún día.

El film es una bonita parábola sobre esas épocas que hemos vivido todos en algún momento de nuestras vidas, en las que todo nos parece repetitivo, monótono y terriblemente rutinario, y que ello puede ser a la vez angustiante y tranquilizador, como nos muestra su protagonista en sus diversas fases de ansiedad y de buen rollo a lo largo del tiempo que pasa en el pequeño pueblo de Punxsutawney.

Como dicen dos desconocidos en una conversación de la película:

- ¿Qué haríais vosotros si estuvierais atrapados en un lugar, y cada día fuera el mismo y nada de lo que hicierais importara?
- Ese es el resumen de mi vida.

Al fin y al cabo, ¿quién no ha pensado eso alguna vez, aunque sólo sea por un instante?