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domingo, 2 de noviembre de 2008

Anime y física cuántica

En física cuántica se suele decir que si no has comprendido nada, es que ya le estás empezando a pillar el truco al asunto. Salvando las distancias, ésta máxima se podría aplicar a la serie de anime más absurda, descerebrada y loca vista hasta el momento: BoBoBo.

Tratando de abreviar, la serie va de BoBoBo el Liberta-cabelleras, que lucha contra el Imperio Margarita para salvar la libertad capilar mediante sus técnicas de ataque del pelo nasal.

A lo largo de diferentes lugares del mundo, BoBoBo irá ganando adeptos a su causa para luchar contra los enemigos en combate singular -y ultra absurdo- para llegar hasta el final y derrocar al malvado Bola de Billar IV.

BoBoBo irá conociendo a nuevos amigos que unirán sus conocimientos de Lucha Absurda para tratar de alcanzar el éxito en tan sagrada misión. Los personajes más importantes son:

BoBoBo

Beauty: es la única persona cuerda de todo el grupo. Fue salvada por BoBoBo cuando estaba a punto de ser pelada al cero por un Cazador de Pelo al servicio del Imperio Margarita. Desde entonces es fiel a la causa de BoBoBo.

BoBoBo

BoBoBo: con su técnica de Poder del Cabello Nasal, es el azote de todos los Capitanes de División del Imperio Margarita. Con dos largos pelos que le salen de la nariz a modo de látigos, no deja títere con cabeza. Otros detalles absurdos: una pareja de ancianos viven en sus cavidades nasales, y de su pelo afro salen todo tipo de personajes a cada cual más absurdo y disparatado.

BoBoBo

Don Patch: un avezado Luchador del Absurdo con forma de naranja con pinchos. Está como una puta regadera, y ese es precisamente su punto fuerte. Se hace aliado de BoBoBo tras ser derrotado por él.

BoBoBo

Heppoko-Maru: un chaval de 16 años, casi tan cuerdo como Beauty, pero sólo casi. Lo enfermizo de este personaje es que su ataque principal es a base de pedos, que los lanza contra sus enemigos. Ojo a su técnica letal, Golpe Ventosero.

BoBoBo

Dengakuman: era el capitán de la División Z del Imperio Margarita, pero cayó derrotado fulminantemente por BoBoBo y compañía. Aunque tiene su ataque de Golpe Dengaku, es bastante inútil. Lo único reseñable es que es muy mono pues se parece a un peluche y tal...

BoBoBo

Destapeman: el personaje más descabellado de la serie, si es que se puede establecer alguna gradación en ese sentido. Es un ser que va por la vida vestido únicamente con una sábana, y luce una perilla impresentable y una coleta penosa. Empezó siendo un enemigo de BoBoBo, y su técnica es el Destape. Con sus manos se levanta la sábana y al grito de ¡toma tema! le enseña sus encantos a sus rivales horrorizados que caen como moscas. Afortunadamente, unos focos encendidos oportunamente crean un contraluz que evita daños mentales a la audiencia. Sí, es enfermizo, no tratéis de comprender.

BoBoBo

Impredecible: el protegido de Don Patch, o eso dice él. Joven de 24 años, alto, rubio, tiene todas las papeletas para no protagonizar ésta serie, pero lo sentimos por él... Su técnica especial es el Ataque Cerradura con el que cierra el corazón de sus rivales.

BoBoBo

Softon: aunque a primera vista puede parecer que está como una regadera, la realidad es que está como para que lo encierren en un psiquiátrico. ¡Je! Qué os creíais... Todo el mundo duda si su cabeza se parece más a un helado de fresa o a una boñiga. Siento comunicar que la serie no aclara este punto. Su ataque más importante es la Sagrada Lucha Ancestral de Babilonia. Militaba en la División C del Imperio Margarita y se unió al grupo de BoBoBo tras ser derrotado por los que son sus actuales compañeros de lucha.

BoBoBo

Tokoro Ten no Suke: la historia de este personaje es bastante lamentable, pues es un hombre de gelatina que vivía abandonado en un supermercado porque estaba caducado (¿?). Su papel en la serie es recibir hostiazos una y otra vez, o que lo corten en pedazitos. Sus propios compañeros no le tienen ningún respeto y por ello le utilizan como escudo para recibir fostiazos o bien como arma arrojadiza ya que es siempre lo primero que tienen a mano. Su ataque es el penoso Combate Tembleque o el inútil Combate Nu. Es un desgraciado. Cuesta creer que fuese el capitán de la División A del Imperio Margarita. Tal vez por eso fue derrotado en un abrir y cerrar de ojos.

BoBoBo

La chica torpedo
: inicialmente al servicio del Imperio Margarita, siempre quiere destruir a los que hacen tonterías. ¿Por qué? ¡PORQUE ES ES SU OBJETIVO! Con su peculiar forma de misil y dos sensuales piernas femeninas, es de los personajes más disparatados de la serie. Tras ser derrotada por BoBoBo, se alineará de su parte con el objetivo de derrocar al malvado Bola de Billar IV.

BoBoBo

Cañonero: con un tupé que iguala al del penoso Loquillo, es un antiguo compañero de BoBoBo en el aprendizaje de la Técnica del Cabello Nasal. Pero cuando el maestro de ambos -que por cierto, era una lata de refresco (¿?)- le echó del Dojo, utilizó la técnica del Pelo Nasal para hacer el mal. Desde entonces le guarda rencor a BoBoBo, que fue nombrado como 7º Heredero de la Técnica del Pelo Nasal.

Todos estos personajes se enfrentan a centenares de enemigos que están al servicio del Imperio Margarita, a cada cual más absurdo y demencial, pero mejor le ahorraré los detalles a los lectores, por el bien de su salud mental.

¿Habéis comprendido algo en todo esto? Pues ya le estáis pillando el truquillo. ¡Qué razón tenía Schrödinger!

miércoles, 11 de junio de 2008

El Tarro

En diciembre de 1989 se emitió el que fue el primer episodio de Los Simpsons, el especial de Navidad.

En ese episodio pudimos ver cómo Marge guardaba el dinero ahorrado durante todo el año para comprar los regalos. Escondido en su enorme moño azul para mantenerlo lejos de las zarpas de Homer, Marge ocultaba un colosal tarro de cristal repleto de dinero listo para fundirlo en regalos varios en el centro comercial de Springfield.

El Tarro

El Tarro

No sé si la realidad supera la ficción, pero en algunos casos por lo menos la iguala.

El Tarro

Y si no, ojito a la foto.

jueves, 19 de abril de 2007

Mongolian Chop Squad

Me gusta la música. Me gusta el anime. Y cuando ambas cosas se juntan en una sola, y además es muy buena, tiene nombre y se llama Beck. Tenemos entre manos una estupenda serie de anime obra de un tal Harold Sakuishi, un japonés que no es gran cosa en el panorama del manga pero que un día se levantó y se dijo "voy a hacer una serie cojonuda con la música como background".

Beck - Mongolian Chop Squad

Dicho y hecho. Sakuishi parió el manga, que tuvo éxito y por lo tanto derivó en la TV nipona de la mano de Osamu Kobayashi (que no sé quien es pero le agradezco infinitamente que haya llevado la serie a la pequeña pantalla) y producida por el estudio Madhouse.

Beck - Mongolian Chop Squad

El guión es el plato fuerte de la serie, fluido, muy consistente ya que enlaza muy bien unas historias con otras dentro de la línea argumental general, y desmarcándose de muchos tópicos del anime al uso. La historia narra las desventuras de unos chavales de instituto de entre 14 y 16 años apasionados de la música que intentan formar su grupo de música con la aspiración de llegar a hacer algo importante algún día. La historia de sus protagonistas, especialmente Koyuki, Ryusuke, Chiba, Saku y Taira entre otros, conjuga dramatismo, acción, diversión, suspense y muchos momentos muy emotivos. Tantas virtudes tiene la serie que personalmente la considero entre el top 3 de series anime que he visto en los últimos tres o cuatro años.

Beck - Mongolian Chop Squad

Junto con el excelente guión, otro plato fuerte de la serie está en la banda sonora, omnipresente a lo largo de sus 26 capítulos con sonidos potentes donde predominan la guitarra eléctrica y la percusión. Puede que a alguien le parezca algo exótico eso del rock japonés, pero los autores de la serie no podrían haber elegido mejores temazos para ambientarla y darle ritmo. Especialmente a destacar los temas de "Brainstorm" y el "Spice of Life" interpretadas por los grupos nipones Typhoon24 y Tropical Gorilla, respectivamente, una mezcla de rock con toques funks que se escucha muy pero que muy bien.

La serie está repleta de referencias musicales como Jimi Hendrix, Kurt Cobain o Freddie Mercury. La música de los grupos que ponen la banda sonora tiene influencia de varios grupos occidentales -los Rage Against the Machine y los Red Hot Chili Peppers, por ejemplo- pero con un sonido muy propio, muy japonés, que le da ese toque diferente que tanto se agradece escuchar.

Beck - Mongolian Chop Squad

En el apartado artístico, la serie también se diferencia del anime habitual. La animación en muchos momentos parece dibujo sobre foto real -desconozco el nombre técnico de esto- y los colores no son tan vivos como suelen serlo en el anime, contribuyendo a hacerlo más real. Todo en Beck hace que se diferencie de las producciones habituales que se dan en Japón. El guión, la animación, la música, todo ello suma para hacer algo especial y que no defrauda al espectador.

La serie va de menos a más, y hay que ver los tres o cuatro primeros episodios para ir metiéndose en la piel de los protagonistas. La historia es muy agradecida y deja muy buen sabor de boca. Si os gusta el anime y/o la música, la cosa está clara: tenéis una cita con los Beck.

martes, 21 de marzo de 2006

Frikis por goleada

Desde hace algunos días, una mente preclara ha decidido que era hora de rescatar del olvido una de las series emblemáticas de la televisión noventera, santo y seña de los chavales en aquellos tiempos en los que pasamos de dos a cinco canales de la noche a la mañana, y pudimos acceder a un montón de material friki mientras nos merendábamos unos cuantos bollycaos.

La serie es, por supuesto, Oliver y Benji (aka Captain Tsubasa para los frikis incurables), emitida en horario prime time en directa competencia con los telediarios de las otras cadenas (algo irrepetible en la televisión de este país), donde un chaval llamado Oliver Aton (al parecer resulta que se escribe Hutton) se dedicaba a darle al balón en vez de estudiar la fotosíntesis del berberecho nipón.

Es de todos conocidos, a menos que hayáis vivido bajo una piedra queridos lectores, de las increíbles -en todo el sentido de la palabra- andanzas futboleras de estos muchachotes, compañeros y rivales en esos estadios de longitud inabarcable. Por no hablar de personajes estrambóticos, ex-futbolistas brasi-leños alcohólicos, porteros más grandes que sus porterías, delanteros que sufrían tres infartos durante los partidos, públicos demasiado entusiastas, estrategias inverosímiles a la par que absurdas, locutores con más saliva que el suelo de un bar de camioneros, equipos entrañables -quién no se acuerda de los patéticos Niupis, ¿o New Kids?-, jugadores psicópatas, y todos, absolutamente todos ellos más feos que pegar a un padre.

Pero de toda esa fauna, queda impreso a fuego en la retina esa pareja de freaks balompédicos que eran los gemelos Derrick, del equipo Hanawa quienes, rodeados por una panda de mantas, se las arreglaban ellos solos para meterles un paquete de goles al desdichado portero que tuvieran enfrente.

Estos tipos, aparte de compartir placenta durante el embarazo de su desdichada madre, también compartieron su pasión por el esférico durante su niñez, además de heredar -quién sabe de qué padre- unos dientes prominentes y cierta inestabilidad emocional que les llevaba a brincar aquí y allá. Esa característica es la que nos lleva al tema del post de hoy: su absurda técnica de la (tachán) Catapulta Infernal (tachán).

Esta pareja de dos sorprendían al rival realizando una espectacular acrobacia que consistía en que uno de los gemelos se tiraba al suelo de espaldas sobre el césped.



Tras deslizar -siempre de espaldas- unos cien o doscientos metros, su hermano saltaba sobre sus piernas flexionadas.



Los dos hacían fuerza con las piernas, y después de decir abracadabra, saltaba como un piojo hasta alcanzar más o menos la altura de trescientos metros (metro más, metro menos):



El resto es historia: gol, y toda una generación de adolescentes colgados de la tele y flipando con esta gente.

Están locos estos japoneses. Y lo que nos gusta.

jueves, 16 de marzo de 2006

Atrápame a ese castillo

Lo ha vuelto a hacer. Hayao Miyazaki lo ha conseguido de nuevo. Después de dejarnos con la boca abierta con obras maestras como Laputa: el castillo en el cielo, Niki aprendiz de bruja, El viaje de Chihiro, Mi vecino Totoro, y sobre todo Porco Rosso, este nipón nos sirve así, sin avisar, una genialidad marca de la casa estudios Ghibli. Estamos hablando de El castillo ambulante.



Los seguidores del estudio no se verán defraudados en absoluto, pues la película se puede clasificar entre las mejores de su autor.



Como siempre, imaginación desbordante, bandas sonoras de melodías envolventes y serenas, colorido, el trazo de los personajes que ya nos es familiar, todos los ingredientes que Miyazaki sabe aderezar tan bien y que los cocina a fuego lento en su cocina de ensueño, para servirnos este plato delicioso que uno no se cansaría de saborear.



Nos encontraremos un largometraje lleno de personajes carismáticos; no ya los protagonistas que se hacen querer y que devoran la pantalla, sino también los secundarios que le dan el toque de magia a todas las películas made in Ghibli, por ejemplo el espantapájaros y Calcifer, el demonio del fuego. Paisajes, músicas y personajes que evocan otros tiempos que nunca existieron. Nostalgia y recuerdos.



Siempre está presente ese trasfondo de la vieja Europa. Escenarios que están lejos de su Japón natal, Miyazaki nos muestra clichés muy occidentalizados; los mercadillos, las viandas, las hogazas de pan, el queso, la panceta, etc. Todo ello muy alejado de lo que parece ser el modo de vida y costumbres orientales.

Llama la atención el diseño del castillo, que adopta una estética muy a lo Metal Slug. La plástica del dibujo de Miyazaki y sus ayudantes siempre se desmarca por su originalidad y por tener su estilo propio.


Metal Slug...


...y el castillo ambulante. ¿Parecidos razonables?

Una película sobresaliente que no habría que dejar escapar mientras siga en cartelera.

lunes, 13 de septiembre de 2004

Fantasía



Si un día por la calle te cruzas con un cerdo que pilota hidroaviones, un autobús-gato gigante y con ocho patas, una niña mensajera que además es bruja en sus ratos libres, una anciana encargada de unos baños públicos sólo para dioses, o bien una inmensa fortaleza que surca las nubes como si fuera lo más normal del mundo, tranquilo, la senilidad aún no te ha alcanzado, tan sólo has entrado por la puerta grande en el mundo de los estudios Ghibli.

Para el que haya estado demasiado tiempo desconectado del mundo, los estudios Ghibli es el lugar donde trabaja un japonesillo incansable que responde al nombre de Hayao Miyazaki, culpable de películas geniales como Porco Rosso, Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro, Niki aprendiz de bruja, Nausicaa el valle del viento, La tumba de las luciérnagas, La princesa Mononoke, o Laputa el castillo en el cielo. Es anime de historias sencillas, dibujo naíf y personajes peculiares; donde a menudo no hay ni principio ni final y la película es sólo una trama inocente, nada de apocalipsis, ciudades destruidas, planetas que explotan, peleas galácticas, robots gigantes y bombas nucleares sobre Tokio. No y mil veces no. Sólo imaginación.

Desde un piloto de la primera guerra mundial maldito y que vive en la Italia de la post-guerra hasta un cuento de hadas de dos hermanas con una suerte de duende de los bosques, el abanico de temas es amplio pero siempre con el mismo trasfondo de imaginación tanto en la narración como en el aspecto visual, naiveté, tradición y mitología japonesa, y mensaje ecologista que película tras película acaba siendo marca de la casa.

Si las películas son buenísimas, las bandas sonoras que las acompañan no lo son menos. Lejos de ser meros recopilatorios como ocurre cada vez más en el cine norteamericano, son músicas que acompañan los diferentes tiempos de la película, hechas a medida y que se desmarcan de la banalidad de las composiciones orquestales que se repiten a si mismas en el Hollywood de hoy. Música agradable de escuchar, en suma. Aunque no quería particularizar en un ejemplo concreto, quiero destacar la banda sonora de Porco Rosso, por la nostalgia que emana muy acorde con la peli, y especialmente el tema "Sakuranbo No Minoru Koro". Quand nous chanterons...

Mientras tanto fuera de este mundo queda lo de siempre: aburridos thrillers, cine de acción baratillo, enésimas partes, remakes, adaptaciones. Quien se quede con la fantasía nipona que levante la mano.