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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Todo el mundo quiere ser encontrado

¿Qué es la soledad? A esta pregunta cada persona podría responder de una forma diferente, en función de cómo la sienta y de sus vivencias. ¿Quién no se ha sentido solo en algún momento de su vida? La respuesta de Sofía Coppola a esta cuestión viene en forma de celuloide bajo el nombre de Lost in Translation.

Lost in Translation
Gracias, Sofía Coppola, por este primer fotograma.

Bill Murray y Scarlett Johansson se meten en la piel de dos personajes -Bob Harris y Charlotte- que han ido a parar a Tokio por diversos motivos. Él, una estrella de cine en declive que vive de la fama de las películas que interpretaba en los años 70 y que ahora se limita a protagonizar anuncios de productos por todo el mundo, ha llegado a la capital de Japón a trabajar en una campaña de whisky Suntory. Su apretada agenda le lleva del estudio de grabación a una sesión fotográfica, pasando por los programas de televisión japoneses más populares.

Lost in Translation
Bajitos, y calvos como yo, qué pringaos.

Lost in Translation
El Jesús Vázquez japonés.

Ella, una joven veinteañera recién licenciada en filosofía que acompaña a su marido John, un fotógrafo fashion-trendy y adicto a su trabajo, hasta Tokio.

Lost in Translation
¿Dónde están mis calzoncillos CK?

Las circunstancias de ambos en origen difieren bastante. Bob está pendiente de sus hijos y de su esposa que le martiriza entre faxes y llamadas telefónicas a horas intempestivas con conversaciones tan intrascendentes como pedirle su opinión acerca de la moqueta que van a instalar en su casa. En cambio Charlotte descubre tras dos años de matrimonio que no conoce ni a su marido ni a ella misma. Tras terminar sus estudios no sabe quién es ni lo que quiere hacer en la vida.

Lost in Translation
Línea transoceánica que enlaza con Nuevos Ministerios. Definitivamente a Gallardón se le ha fundido el fusible.

Ambos personajes, muy diferentes, viven en el filo de la navaja, sintiendo vértigo por la vida, sus incertidumbres, sus preguntas sin responder. Él se siente desvanecer por una vida gris, por veinticinco años de matrimonio estancado, por la falta de motivación. Ella está al borde del abismo que representa el no saber adónde ir ni qué hacer, sin encontrar una dirección. Los dos son diferentes pero complementarios y fundamentalmente similares. Están solos y perdidos en la vida, de la misma forma que están perdidos en una ciudad extraña de un país lejano en un continente al otro lado del globo. Perdidos en la traducción de un idioma incomprensible e ilegible.

Lost in Translation
Un paseo por el distrito Shibuya.

Lost in Translation
Los habitantes de Tokio jugando a la rayuela gigante.

Días extraños enlazados con noches en blanco interminables por el jet lag, viendo la televisión con la mirada perdida, o la panorámica de la ciudad inhumana desde lo aislado de sus habitaciones de hotel colgadas por encima del tumulto que no cesa. Perdidos en Tokio, que no es un sitio más de la película, sino un personaje plenamente constituido -y toda una elección acertada de la directora que es también la autora del guión- como una metáfora de la situación de Bob y Charlotte. Dos personas desconocidas que se encuentran en un lugar desconocido, Tokio, erigido como un refugio emocional.

Lost in Translation
Tokio la nuit.

Tanto el uno como el otro no lo tienen fácil en su estancia en Japón. La mayor parte del día lo pasan solos sin comprender a su entorno. La directora juega con este factor para acentuar esa sensación de desamparo. Para ello les pone en situaciones difíciles, a veces exasperantes, donde el desconocimiento del idioma les deja a merced de lo que les rodea.

Lost in Translation
For relaxing times, make it Suntory time.

Por ejemplo, la escena en la que Bob tiene que rodar un spot publicitario para Suntory. El director del anuncio es un moderno insufrible que no hace más que hablar y hablar en una especie de onanismo cultureta para autosatisfacción de su ego y su ombligo. En una escena genial, la traductora apenas reduce a Bob toda la parrafada del director en un par de frases escuetas. Evidentemente Bob se encuentra perdido y desbordado por los acontecimientos. Y toda la escena, sin subtítulos, hace que el espectador se sienta tan perdido como su protagonista.

Lost in Translation
¿A que no te bebes esta botella a hidalgo?

Lost in Translation
Logel Mool.

Para los que hayan visto la película y hayan sentido curiosidad por todo lo que se dice en la escena, aquí va una traducción (en inglés):

Director (in Japanese to the interpreter): The translation is very important, O.K.? The translation.
Interpreter: Yes, of course. I understand.
Director: Mr. Bob-san. You are sitting quietly in your study. And then there is a bottle of Suntory whiskey on top of the table. You understand, right? With wholehearted feeling, slowly, look at the camera, tenderly, and as if you are meeting old friends, say the words. As if you are Bogie in "Casablanca," saying, "Cheers to you guys," Suntory time!
Interpreter: He wants you to turn, look in camera. O.K.?
Bob: That's all he said?
Interpreter: Yes, turn to camera.
Bob: Does he want me to, to turn from the right or turn from the left?
Interpreter (in very formal Japanese to the director): He has prepared and is ready. And he wants to know, when the camera rolls, would you prefer that he turn to the left, or would you prefer that he turn to the right? And that is the kind of thing he would like to know, if you don't mind.
Director (very brusquely, and in much more colloquial Japanese): Either way is fine. That kind of thing doesn't matter. We don't have time, Bob-san, O.K.? You need to hurry. Raise the tension. Look at the camera. Slowly, with passion. It's passion that we want. Do you understand?
Interpreter (In English, to Bob): Right side. And, uh, with intensity.
Bob: Is that everything? It seemed like he said quite a bit more than that.
Director: What you are talking about is not just whiskey, you know. Do you understand? It's like you are meeting old friends. Softly, tenderly. Gently. Let your feelings boil up. Tension is important! Don't forget.
Interpreter (in English, to Bob): Like an old friend, and into the camera.
Bob: O.K.
Director: You understand? You love whiskey. It's Suntory time! O.K.?
Bob: O.K.
Director: O.K.? O.K., let's roll. Start.
Bob: For relaxing times, make it Suntory time.
Director: Cut, cut, cut, cut, cut! (Then in a very male form of Japanese, like a father speaking to a wayward child) Don't try to fool me. Don't pretend you don't understand. Do you even understand what we are trying to do? Suntory is very exclusive. The sound of the words is important. It's an expensive drink. This is No. 1. Now do it again, and you have to feel that this is exclusive. O.K.? This is not an everyday whiskey you know.
Interpreter: Could you do it slower and ....
Director: With more ecstatic emotion.
Interpreter: More intensity.
Director (in English): Suntory time! Roll.
Bob: For relaxing times, make it Suntory time.
Director: Cut, cut, cut, cut, cut! God, I'm begging you.


Lost in Translation

Sofía Coppola ha sabido plasmar esas sensaciones encontradas en todas las fases de la película. Desde un guión impoluto dirige una sucesión de escenas perfectamente elegidas. El guión sabe cuándo hacer hablar a sus personajes, y sabe también cuándo hacerlos callar, pues los silencios en esta película son casi más importantes que sus diálogos. La sutileza que queda plasmada en los paisajes, en las miradas llenas de estupor y admiración, en Charlotte dejándose llevar aturdida por los templos budistas, o en Bob recorriendo la ciudad y contemplando asombrado sus neones brillantes desde la ventana de su limusina. Todos esos momentos marcan un tempo perfecto para que la historia discurra por sí misma, vital algunas veces, pausado -que nunca lento- otras.

Lost in Translation

Lost in Translation

Estos silencios vienen a recalcar la soledad que sufren ambos personajes. Charlotte siempre abandonada por su marido, un personaje cuasi cómico que siempre aparece de manera fugaz y que entra en pantalla sólo para evaporarse de la escena instantes después, maleta en mano. Tampoco se siente identificada con los amigos de su marido, como por ejemplo una actriz de películas de acción que se encuentran por azar en el hotel: todo un ejemplo de persona vacua con la que Charlotte no puede sino sentirse a años luz. El resultado es que Charlotte está sola aún rodeada de gente, quedando su mundo reducido al hotel y lo que puede ver vagando por Tokio.

Lost in Translation

Por otro lado está Bob, frustrado por una trayectoria que toca a su fin y una esposa que ya no le necesita, y que tampoco busca comprenderle como demuestra la conversación que mantienen por teléfono: "Me gustaría cuidarme más, comer más sano, como la comida japonesa", "Pues puedes quedarte ahí para comerla a diario". Esta soledad es la clave de una película que apuesta por la creencia de que dos extraños pueden encontrar en el otro la comprensión de los problemas que les aturden.

Lost in Translation
Los desastres del jet lag.

Puede parecer paradójico, pero con un extraño puede resultar más asequible el hablar de tus problemas más profundos pero a la vez permaneciendo en un plano más indefinido, haciéndole cómplice aún sin tener que entrar en detalles que alguien conocido te preguntaría. Charlotte y Bob son dos personas presas del jet lag que se pasan los días deambulando entre los pasillos, la piscina o el bar del hotel donde están largos ratos sin hacer nada, pero que les es suficiente para encontrarse y cruzar unas pocas frases para entrar en sintonía y encontrar la complicidad que echaban en falta.

Lost in Translation

Lost in Translation
Los videojuegos, el way of life de Japón.

Hay que añadir que Sofía Coppola ha tenido el acierto de tratar la relación de ambos con mucha delicadeza. Nada de besos apasionados ni de noches tórridas en la cama, muy propio del cine hollywoodiense. En cambio la relación de Bob y Charlotte transcurre dentro de una línea de complicidad que les ata en un plano más allá que el carnal. Miradas, gestos y silencios son más que suficientes para que el espectador sepa lo que ellos sienten y necesitan de la otra persona. Todo ocurre sin ocurrir, sin la necesidad de lo obvio. Ahí entra en juego el tercer personaje, Tokio, que les permite por un breve lapso de tiempo en sus vidas liberarse de sus ataduras, perder sus identidades, encontrarse a ellos mismos.

Lost in Translation
Un campo de golf vacío en Japón: sci-fi del bueno.

Juegan a perderse en las calles de la ciudad, conociéndola como no lo haría ningún turista, en pubs escondidos en rincones recónditos, acompañados por sus amigos japoneses. Una fiesta, música, focos y luces de una discoteca, una cena en un restaurante de sushi, una sesión de karaoke -mítica, con Bill Murray cantando el More Than This- con canciones implícitas de lo que está aconteciendo, los neones de Tokio y las luces de sus rascacielos, los ruidos de sus salas de videojuegos... el personaje de Tokio siempre acompañando a la acción que se desarrolla en la mente del espectador.

Lost in Translation
Corre, o los zombies ludópatas nos comerán el cerebro.

Por supuesto, en este blog no se puede dejar pasar la ocasión de mencionar la banda sonora. Suave y aterciopelada, cada tema está perfectamente elegido y magistralmente aplicado en el momento perfecto. Ver a Charlotte perderse por Tokio con los compases serenos de temas como Fantino, Tommid, On The Subway, o Alone in Kyoto. O a Bob llegando a Japón envuelto en la hipnótica melodía de Girls (Death in Vegas). Ver a Bob y Charlotte volver de una noche de fiesta a ritmo de Sometimes de los My Bloody Valentine mientras miran la bahía con los ojos vidriosos, la mirada perdida del que ha disfrutado cada segundo pero su cuerpo le dice basta. También hay sitio para los temas vitales y potentes de una noche sin fin como Too Young, de Phoenix, o The State We're In de los Chemical Brothers. Sin olvidarse de temas eternos como el God Save the Queen de los Sex Pistols, More Than This de Roxy Music, o Brass in Pocket de los Pretenders, para una sesión de karaoke en la que uno hubiera deseado estar sin ninguna duda. En resumen, una banda sonora soberbia, a la altura de la película, vigorosa en el momento adecuado, y melancólica y delicada cuando debe serlo.

Lost in Translation
More than this.

Como no podía ser de otra forma, Sofía Coppola sabe terminar magistralmente su obra maestra con la sutileza que ha demostrado a lo largo de todo el metraje. Una relación explícitamente indefinida, a ritmo de los acordes del tema Just Like Honey, de los The Jesus & Mary Chain, con la letra más adecuada a ese momento tan amargamente dulce.

Lost in Translation

Listen to the girl
As she takes on half the world
Moving up and so alive
In her honey dripping beehive
Beehive
It's good, so good, it's so good
So good

Walking back to you
Is the hardest thing that
I can do
That I can do for you
For you

I'll be your plastic toy
I'll be your plastic toy
For you

Eating up the scum
Is the hardest thing for
Me to do

Just like honey


Lost in Translation

Esta película es una joya, y quienes sepan apreciarla la disfrutarán aún más en versión original. Disfrutad de sus diálogos, de sus silencios, de su música, de sus sentimientos.

martes, 13 de octubre de 2009

El otoño ya ha llegado

El otoño ya está aquí

El otoño ya está aquí. Con sus colores vivos, sus hojas muertas, caídas en la batalla del verano, el clima incierto, los días titubeantes, las noches frías, las nubes amenazadoras, el sol mortecino, la nostalgia indefinida de algo que nunca sabes de qué se trata y que tampoco tiene mucha importancia.

El otoño ya está aquí

El otoño ya está aquí. Bienvenido.

martes, 21 de agosto de 2007

Cardados y hombreras: back to the future

Anuncios ochenteros

Impresionante vídeo, todo un must see. Casi han pasado veinte años desde entonces, pero no deja de sorprender... cuanta caspa, pero cómo mola xD

Actualización: otro vídeo, cortesía de Havoc.

lunes, 4 de diciembre de 2006

Las cosas son así, Charlie Brown

Ahora que las calles se cubren de luces, los escaparates se engalanan, y la gente se arrebuja bajo sus bufandas mientras come unas castañas bien calentitas, me vienen a la memoria imágenes de épocas pasadas. Si prestáis un poco de atención, a través de esa ventana podréis ver a un chico de apenas diez años que mira la televisión en el sofá bajo una mantita para protegerse de una tarde de frío helador. En la pantalla desfilan los especiales de Navidad que emiten las cadenas de TV (por aquél entonces, dos). Dibujos animados entrañablemente naïfs que no son superhéroes, ni vuelan, ni lanzan rayos. Son mucho más sencillos, inocentes y entretenidos. Antes de que el entretenimiento infantil fuera moneda de cambio para las plataformas digitales, recuerdo los especiales de Bugs Bunny, de Don Gato, el Oso Yogi, y todos los demás cartoons animados de la Hanna-Barbera y de la Warner.

Charlie Brown Christmas

Menos famosos, especialmente por estas latitudes, eran unos dibujos animados que a muchos les sonará un poco extraño ya que cuando nos acordamos de emisiones de hace años, nunca se les suele mencionar. Las aventuras de un chico llamado Charlie Brown y de su mascota autosuficiente Snoopy nunca fueron muy populares, aunque eso no impedía que acudieran puntuales a su cita invernal en la pequeña pantalla el correspondiente especial de Navidad protagonizado por los Peanuts, esos simpáticos dibujillos barrigones.

Charlie Brown Christmas

Aunque las aventuras de esos personajillos cabezones y culones obra de Charles M. Schulz eran muchas y variadas, recuerdo que a España apenas llegaron muy muy pocas, siempre como ya digo en época navideña, y son las que centran este post.

Charlie Brown Christmas

En primer lugar estaba A Charlie Brown Christmas (Las Navidades de Charlie Brown, 1965), dirigida por Bill Melendez. En este episodio tenemos, como casi siempre, a Charlie Brown envuelto en sus eternas conversaciones consigo mismo. Este pequeño Woody Allen animado se encuentra en plena época navideña haciéndose preguntas sobre el significado de las mismas y sin alcanzar a comprender estas fiestas.

Charlie Brown Christmas

El diálogo con el que empieza la película deja bien clara la idiosincrasia del personaje: "Debe de haber algo equivocado en mí, Linus. La Navidad ha llegado pero no soy feliz. No siento lo que se supone que debería sentir. Simplemente no entiendo la Navidad, supongo." a lo que le responden: "Eres la única persona que conozco que puede tornar algo tan maravilloso como la Navidad en un problema".

Charlie Brown Christmas

A lo largo del corto, Charlie Brown junto con sus amigos Snoopy, Linus, Lucy, Sally, Schroeder, Patty, Marcie y Pipgen irá intuyendo lo que importa realmente en estas fechas, más allá del aspecto comercial al que está sometida la Navidad (ya en 1965 se hablaba del lado comercial de la Navidad, fíjate...). Charlie Brown se verá implicado en la celebración de las fiestas con su pandilla mientras organiza el festival navideño de la escuela y comprenderá el verdadero espíritu de la época cuando tenga que conseguir un árbol de Navidad junto con el pequeño Linus.

Charlie Brown Christmas

El dibujo animado tiene esa estética sesentera que tanto me gusta. Desde la música -pequeños arreglos de piano-, el guión, los personajes, e incluso el color, todo está bañado en lo naïf de esos años de hippys con pantalones acampanados. Todo ello resultando en un corto que destila inocencia en cada fotograma.

Charlie Brown Christmas

Otra aparición habitual de Charlie Brown a través de los rayos catódicos en las fiestas de Navidad era en Snoopy Come Home (Snoopy vuelve a casa, 1972).

Snoopy Come Home

Snoopy Come Home

En este caso se trataba de un auténtico largometraje y no un corto como en el caso anterior. Esta vez la historia gira alrededor de Snoopy, el perro mascota del infeliz Carlitos. Cuando Snoopy recibe una carta de su antigua dueña Lila, siente que debe ir a verla para estar con ella, siempre acompañado de su fiel Woodstock.

Snoopy Come Home

Snoopy Come Home

Por otra parte, Charlie Brown y la pandilla van en su busca siguiendo su rastro, en vano. Una vez con su primera dueña, Snoopy se siente dividido entre ella y todos los demás, a los que aprecia y que le aprecian a su vez.

Snoopy Come Home

Snoopy Come Home

Snoopy Come Home

Snoopy Come Home

Snoopy Come Home

Algo tenían estos dibujos que no he sabido explicar a lo largo del post. Ya sea el aspecto naïf y cándido de los mismos, echando la vista atrás, es fácil caer en el tópico de "ya nada se hace como antes". Pero por lo menos en lo que a televisión respecta, es cierto, ya nada se hace como antes. Supongo que es normal y tampoco se trata de darle vueltas al tema; pero hay días en que me paro a pensar en estas cosas y me siento un poco como Charlie Brown, desorientado y algo perdido.

domingo, 11 de junio de 2006

Sile, nole

Pocas cosas hay tan genuinamente ochenteras como las colecciones de cromos. Ni pelos cardados, ni grupos pop andróginos, ni un negrata del bronx retorciéndose con su radiocasete en el hombro perpetrando una suerte de break dance después de una noche abusando del crack. No señores, las colecciones de cromos fueron iconos esa época turbulenta de hace veinte años, marcando el paso del tiempo entre recreo y recreo.

De entre tantas y tantas colecciones (en frío me vienen a la memoria la de la Pandilla Basura y la de Dragones y Mazmorras), las reinas absolutas eran las de Panini. Sí, esa marca que en una confusa y naïf infancia asociaba a panaderos, supo atraer la atención de miles de chavales que, sudorosos con sus chándales de loneta, arrasaban los kioscos a la salida del cole. Algunos con la inocente intención de completar los quinientos y pico cromos de sus álbumes. Otros pocos sospecho que lo hacían bajo la irrefrenable adicción de esnifar el pegamento de las "figurine".

Panini

Puedo contar por decenas las colecciones de estos italianos del caballero de la larga lanza (auténticas piezas de colección, muchas de ellas en mi poder, completas y bajo diez candados en el lugar más seguro de la casa), pero en estas fechas no puedo menos que recordar lo que se ha convertido en una catarsis personal que se reproduce una y otra vez cada cuatro años desde aquél lejano 1982, marcado por la caspa de Naranjito, Sport Billy y los chándales de rastrillo. Me refiero, algunos ya lo habréis adivinado, a las colecciones de cromos del Mundial.

Mundial 2006

Parece increíble en los tiempos de diseño fashion "renueva o muere" que nos ha tocado vivir, pero durante 24 años los italianos de los cromos no han variado ni un ápice del formato. Los álbumes siguen siendo idénticos en tamaño, colores, diseño, disposición de los adhesivos, y el eterno esquema de escudo-equipo-jugadores, escudo-equipo-jugadores, escudo-equipo-jugadores... así hasta alcanzar en su última edición la apabullante cifra de 596 caretos a pegar en el álbum de marras.

Mundial 2006

Los cromos siguen siendo iguales desde aquella colección de España 1982, con los escudos plateados de cada selección, los estadios donde se jugarán los partidos del mundial, y 500 caras anodinas de jugadores que -en su mayoría- conocen en su casa a la hora de comer. A nadie en su sano juicio le importará que el jugador de la selección de Ghana, Emmanuel Pappoe, de 1,78 metros y 72 Kg., juegue habitualmente en el Happoel Kfar Saba de Israel. Tampoco debería interesarle a alguien que el estadio de Colonia albergue 46120 espectadores. Pero eso es irrelevante. Lo que cuenta es que, cada cuatro años, allí estarán, esperándonos en los kioscos, esos sobres que huelen a pegamento y con cinco cromos por paquete. Aquí el menda seguirá disfrutando de todo esto, mientras se dedica a ver partidos tan bizarros como México - Irán, que por cierto van 3 a 1 en estos momentos. Y esta noche otro partido entre Portugal y Angola... que bella es la vida.

martes, 21 de marzo de 2006

Frikis por goleada

Desde hace algunos días, una mente preclara ha decidido que era hora de rescatar del olvido una de las series emblemáticas de la televisión noventera, santo y seña de los chavales en aquellos tiempos en los que pasamos de dos a cinco canales de la noche a la mañana, y pudimos acceder a un montón de material friki mientras nos merendábamos unos cuantos bollycaos.

La serie es, por supuesto, Oliver y Benji (aka Captain Tsubasa para los frikis incurables), emitida en horario prime time en directa competencia con los telediarios de las otras cadenas (algo irrepetible en la televisión de este país), donde un chaval llamado Oliver Aton (al parecer resulta que se escribe Hutton) se dedicaba a darle al balón en vez de estudiar la fotosíntesis del berberecho nipón.

Es de todos conocidos, a menos que hayáis vivido bajo una piedra queridos lectores, de las increíbles -en todo el sentido de la palabra- andanzas futboleras de estos muchachotes, compañeros y rivales en esos estadios de longitud inabarcable. Por no hablar de personajes estrambóticos, ex-futbolistas brasi-leños alcohólicos, porteros más grandes que sus porterías, delanteros que sufrían tres infartos durante los partidos, públicos demasiado entusiastas, estrategias inverosímiles a la par que absurdas, locutores con más saliva que el suelo de un bar de camioneros, equipos entrañables -quién no se acuerda de los patéticos Niupis, ¿o New Kids?-, jugadores psicópatas, y todos, absolutamente todos ellos más feos que pegar a un padre.

Pero de toda esa fauna, queda impreso a fuego en la retina esa pareja de freaks balompédicos que eran los gemelos Derrick, del equipo Hanawa quienes, rodeados por una panda de mantas, se las arreglaban ellos solos para meterles un paquete de goles al desdichado portero que tuvieran enfrente.

Estos tipos, aparte de compartir placenta durante el embarazo de su desdichada madre, también compartieron su pasión por el esférico durante su niñez, además de heredar -quién sabe de qué padre- unos dientes prominentes y cierta inestabilidad emocional que les llevaba a brincar aquí y allá. Esa característica es la que nos lleva al tema del post de hoy: su absurda técnica de la (tachán) Catapulta Infernal (tachán).

Esta pareja de dos sorprendían al rival realizando una espectacular acrobacia que consistía en que uno de los gemelos se tiraba al suelo de espaldas sobre el césped.



Tras deslizar -siempre de espaldas- unos cien o doscientos metros, su hermano saltaba sobre sus piernas flexionadas.



Los dos hacían fuerza con las piernas, y después de decir abracadabra, saltaba como un piojo hasta alcanzar más o menos la altura de trescientos metros (metro más, metro menos):



El resto es historia: gol, y toda una generación de adolescentes colgados de la tele y flipando con esta gente.

Están locos estos japoneses. Y lo que nos gusta.

miércoles, 19 de octubre de 2005

¿Y sólo habéis venido para esto?

Tras una grata experiencia el año pasado, una expedición de frikis armados con cámaras fotográficas, pases de prensa by-the-face y mucho formol en el cerebro se aventuró a acercarse por esa zona conocida como Sitges allá por las orillas del Mediterráneo.

Sitges 2005
Las palmeras bien, gracias. Y siguen sin tener cocos.

Como parece ser lo habitual, el festival se empeña en recibirnos una y otra vez con una copiosa lluvia, ya sea octubre o diciembre. Pero, inasequibles al desaliento y como buenos frikis dispuestos a dar la vara, los expedicionarios nos apuntamos a la primera sesión sin tener tiempo tan siquiera de aterrizar. Así que pertrechados con maletas y mochilas, directos al auditorio. ¿A qué? A ver La novia cadáver, claro, que hacían un pase precisamente la noche en que llegábamos a invadir el pueblo. ¿Aún no tenemos los pases de prensa? ¿No hay forma de conseguir entradas? No hay problema.

Sitges 2005
Los que se quedaron fuera de "La novia cadáver" mejor que no vean la hora y película para las cuales eran esta entrada. Se evitarán frustraciones y pataleos.

A propósito, un par de cosillas. Estaría más que bien que el festival cuidara bastante más la organización, ya que no es de recibo tener la programación oficial con tan poca antelación; con apenas tres semanas se antoja escaso para programar una estancia por la zona. En segundo lugar, Sitges se merece un auditorio mejor que este, que deja bastante que desear cuando se compara con otras salas comerciales que uno puede encontrarse por ahí... Menos butacas desperdigadas por los laterales hasta el infinito y más allá (¡no vamos al cine a sacar un córner!) y el anfiteatro con un par de grados más de inclinación (¡quita ese cabezón de delante!) se hacen muy necesarios para que la sala esté a la altura de un cine aceptable.

Sitges 2005
¿Qué tal se está de pie?

Lluvia y encontronazos aparte, para aplacar los ánimos de la gente que se estaba cagando en la puta madre de la organización por la lluvia que amenizaba la espera provocada por la inmensa cola y las puertas cerradas, apareció un Jack Skellington que no hizo sino aumentar el recuerdo de esa maravilla predecesora de la película que nos disponíamos a ver.

Sitges 2005
Te vas a tragar esa cámara con patatas, cortesía de tito Jack.

Sitges 2005
El reuma me está matando.

Sobre la película, qué decir. Tim Burton es un genio. Una historia con magia, humor negro. Pero he de decir que el recuerdo de Pesadilla antes de Navidad es posible que le pese algo a esta producción. Magnífica en cualquier caso y todo un must see en los tiempos de pobreza cinematográfica que corren.

Sitges 2005

Tras una noche algo infernal, con frío, lluvia, cansancio, peso en la espalda, todo cerrado y sin un miserable bocadillo que echarse a la boca, amaneció un día mucho más benigno.

Sitges 2005
Toma mamón, tu foto en Internet, y además gratis. Jódete.

Libres de mochilas pesadas y estómagos vacíos, proseguimos con la invasión. Pero antes había que conseguir las armas pesadas: acreditaciones de prensa-cutre-B. La escena parecía un chiste: "Van uno de Barcelona, otro de Cádiz y otro de Madrid y entonces va uno y dice...". El diálogo de besugos que tuvimos la ocasión de vivir fue antológico, y más o menos así (con las oportunas dramatizaciones):

[Encargado de prensa]: Así que venís de Radio televisión Estepona...
[Friki 1]: (Con acento del baix Ampurda) Pos claro, neng.
[Friki 2]: (Con acento de Chamberí) Sí, ejjj que somos de por ahí.
[Encargado de prensa]: .......

(y atención a la frase que sigue)

[Encargado de prensa]: ¿Y venís de tan lejos sólo para esto?
[Frikis, todos a una]: .......................... ¬¬¡

Sitges 2005
¿Qué tal llevamos la espera bajo la lluvia? Bien, ¿no?

Sitges 2005
La gente guay va por la entrada VIP.

Dejando de lado escenas tan absurdas, seguimos con el festival. Por la mañana ponían Final Fantasy VII: Advent Children. Una película espectacular donde los chicos de Square demuestran que no solamente hacen videojuegos estupendos, sino que además rizan el rizo en la pantalla grande. Dejando de lado el inexistente guión, tenemos una pequeña maravilla técnica de animación que hace presagiar que a medio plazo será difícil distinguir a una persona de una animación 3D y hasta se podrán sustituir actores por renders, cambio que en no pocos casos presentaría ventajas indiscutibles. Eso sí, para ver FF VII: Advent Children es bastante recomendable haber jugado al videojuego o al menos estar al tanto de la historia. Avisados estáis.

Aún bostezando salimos del auditorio para volver a entrar y disfrutar de una fantástica cola de espera para la siguiente sesión. Mientras esperábamos, confraternizábamos con los frikis que pululaban a su antojo sin bozal, collar ni placa identificativa de vacunación ("joder, cuando salió Sephirot yo estaba babeando")

Sitges 2005
Uno de esos ejemplares, que responde al nombre de Efialtes. Esta vez no buscaba Terrorvision.

Sitges 2005
La espera se hace más corta con la sugerente cartelera de Sitges. ¿Una raja de sandía?

Esta vez tocaba ver Election, de Johnny To. Una violenta historia de mafias en Hong Kong que se encuentran ante la disyuntiva de elegir a su nuevo líder. Por supuesto esto se saldará con unas cuantas voladuras de tapas de los sesos, cemento en los pies y bates de béisbol acariciando el cráneo, ¡que para eso somos mafiosos, y para eso somos chinos! Lo que nos gusta, oh sí mi tesoro. Violencia aparte, una película más que interesante y de lo mejor dentro de lo poco que pudimos ver durante el breve-pero-intenso fin de semana.

El caso es que uno es friki pero con límites, y al parecer el tal Johnny To debe ser bastante conocidillo en este mundillo, dato que desconocía. Un ejemplo de todo esto es que un tipo que responde al nombre de Cuenting Tarantino -hablando de violencia y tiros entre ceja y ceja- decidió que ya era hora de llamar algo la atención y, asomándose por detrás de su colosal barriga, pudimos ver cómo se encaramaba al escenario para postrarse ante los pinreles del director chino.

Sitges 2005
¿Puedo lamerle las pelotillas de los dedos, director-san?

Tras esta maratón en el auditorio tocaba cambio de aires, y nos encontramos en el Casino Prado viendo el segundo pase de cortos de animación. El hilo conductor de la mayoría de ellos era la soledad y el aislamiento de la persona en esta sociedad. Dentro de los cortos había productos de todo tipo: animación tradicional, animación con plastilina e infografía, lo cual conformaba un abanico bastante interesante de técnicas para recrear estas breves historias. Pudimos ver los siguientes:

- Signes de vie
- Nebenan (Next door)
- 9, de un tal Shane Acker.
- Chahut
- Crocodile journals
- Das cabinet des doctor K
- Esfera
- Fallen art
- Karaoke
- Incommunicado
- Kutoja (The last knit)
- La leyenda del espantapájaros
- Life in transition
- Une histoire vertébrale

Algunos eran bastante buenos, otros una basura (especialmente Das cabinet... y Esfera). Si he de quedarme con algunos, citaría a 9, Incommunicado, Karaoke, Nebenan y Une histoire vertébrale. A saber si se podrán conseguir por la internete. Habrá que buscar...

Sitges 2005
Karaoke: gótico vs. osito panda para ver quién canta mejor el último bodrio de O.T. En cualquier caso, mejor que esos garrulos.

Mientras tanto, por las calles del pueblo circulaban seres que responden al nombre de famosos. Algunos lo eran de veras, como Balagueró o Álex de la Iglesia. Al parecer también estuvo Jodie Foster en el festival presentando su último producto para la taquilla. Pero sinceramente, ¿a quien le interesa ver a Jodie Foster? En cambio otros tipejos se arrastran por la noche para que nadie les reconozca. Ese es el caso de Loquillo el troglodita.

Sitges 2005
¿¡Dónde están esos cabrones que se bajan música con el eMule, que les doy de ostias con mi tupé?!

Tras semejante susto ya nada nos podía amedrentar, así que después de los cortos nos dirigimos a ver El exorcismo de Emily Rose. La historia es bien sencilla como sospecharán los avezados lectores de este blog. Para los menos avezados, allá va una breve sinopsis. La película recrea la historia de Emily Rose, basada en los hechos reales de la vida de una chica conocida como Anneliese Michel. Pues resulta que unos demonios cabroncetes quedan para jugar unas partidas al Twister. El problema es que el lugar de la cita es dentro de Emilia, que acaba siendo poseída (no es eso que pensáis, guarros). La pobre mujer, que no tiene ni voz ni voto, se estresa un montón porque se le han acabado las pastas de té para recibir a sus invitados como Dios manda. Mientras tanto, el cura que la atiende hace lo que puede y se come el marrón del juicio que le cae encima. Sustos, abogados y mal rollo demoníaco para la noche del sábado. Para los que se animen, pronto en sus cines.

A modo de anécdota, citar la pequeña representación teatral que nos brindaron antes de empezar la película, con una poseída (que a tenor de sus comentarios, quería serlo en todos los sentidos), un cura más parecido a Van Helsing, y un amago de diablo bastante cutrón.

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Con tanta posesión no gano para pijamas.

Películas al margen, quería hacer una breve mención a las típicas animaciones que suelen amenizar las esperas en los cines del festival antes de que empiece la película de turno, y que permite dar rienda suelta al enfervorizado público para aplaudir, gritar, silbar y dar collejas a ese cabezón que te estorba la visión de la pantalla.

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King Kong dándole lo suyo a Tiburón. Esta mezcla daría una buena serie B casposa.

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Alicia y su conejo.

El domingo amanecía con un sol deslumbrante y la gente asaba su manteca en la playa mientras los de siempre insistíamos en aprovechar al máximo el tiempo viendo cosas bizarras.

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¿Por qué L'Oréal? Porque yo lo valgo.

Y hablando de cosas bizarras, allí estaba The Dark para poner el contrapunto chungo del fin de semana: sustos ambientados en Gales y un trasfondo casposillo de leyendas celtas o asimilables de muertos que vienen y van al mundo de los vivos como quien toma el metro. Poco hay que decir de esta producción salvo que es mala, rematadamente mala. Lo podréis comprobar pronto en las carteleras, pero no digáis luego que no ibais avisados. De todas formas al final la madre muere y la niña vive, mientras Sean Bean pone cara de ecléctico. No gritéis, que os he hecho un favor.

Lorenzo calentaba a base de bien cuando nos metimos de nuevo a una sesión doble de cine experimental. Dicho así en crudo, acojona, pero lo que pudimos ver bien valía la pena. En primer lugar, Room de Kyle Henry. La historia de una tipa al borde de la depresión que un día se le cruzan los cables, empieza a ver flashazos y se pira a Nueva York, poco más o menos. El final a lo 2001 nos dejó con cara de póker. La sesión doble se remataba con Haze, un mediometraje de Shinya Tsukamoto donde nos cuenta cómo un chino descubre que las soluciones habitacionales del gobierno son una mierda y se agobia un poco entre cuatro paredes de hormigón mondo lirondo. El hombre se quiere escapar del laberinto mortal -literalmente- donde está enclaustrado -literalmente- en un ambiente de pesadilla (sí, también literalmente). Quien haya visto Cube puede imaginarse por dónde van los tiros aunque lo que tenemos entre manos es aún más angustioso si cabe, pero menos elaborado. Una historia claustrofóbica muy bien contada con final desconcertante por el mismo precio (gratis, ¡ja!).

Finalmente para matar el tiempo que nos quedaba, nos metimos en el cuerpo un par de rondas de exposiciones. En el auditorio exponían una serie de bocetos del diseño de los personajes de La novia cadáver y que, bueno, está bien verlo por eso de la curiosidad y tal, pero no había nada nuevo bajo el sol.

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En cambio, en la bizarra sala Brigadoon mostraban al público varios artículos relacionados con la saga Tiburón, que se me ha olvidado mencionar que era la película homenajeada en esta edición por cumplir su 30º aniversario. Desde entonces, mearse nadando cerca de la orilla del mar ya no ha vuelto a ser lo mismo.

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Esto sí que hubiera sido gore: escuchar los crujidos de los huesos en Dolby Surround 5.1 con la sangre salpicando en "tiempo Matrix".

Es sorprendente ver la de bocetos que había del story board para escenas que jamás se pudieron llevar a la pantalla debido a las limitaciones técnicas impuestas por la maqueta del escualo. Aunque hoy en día algún cabrón sin escrúpulos sería capaz de reeditar la saga entera y sustituyendo a Roy Scheider con algún niñato de cara bonita.

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Vinilos, muñecos, llaveros y envoltorios.

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Hasta un juego para Atari ST. ¿Alguien se acuerda de él?

También no deja de sorprenderse uno ante tanto merchandising incluso para una película como ésta. Y no estamos hablando de muñecos de calidad como los que nos venden aprovechando las superproducciones de hoy en día. Hablamos de caspa de la buena, con vinilos de la banda sonora, llaveros, camisetas de dudosa calidad, envoltorios de golosinas, bolígrafos y juguetes de medio pelo que llenaban la exposición.

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Mochila y peluche entrañable del asesino del mar.

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Corbatas y camisetas (muy) cutres. Super shark. El paraíso de los adoradores del kitsch.

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Ojo al disco de diapositivas y al vaso de plástico.

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Un coche-tiburón. Sí, todo es posible en la sala Brigadoon.

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¿Alguien recuerda esos bolígrafos con juegos de agua incorporados? Eso sí que era naïf.

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Ser un nostálgico tiene sus límites. Estos límites para ser exactos.

Así fue un año más, pues, en Sitges. Nos quedamos con la sensación de haber visto demasiado poco, y es que dos días no permiten mucho más. quedan en el tintero películas como La Moustache, o bien Hard Candy o El sabor de la sandía, los exponentes del nuevo cine oriental que de nuevo es el que ha destacado en Sitges y ha salvado al festival. Tampoco vimos porno-gore como en la pasada edición, pero no se puede tener todo. En cualquier caso... ¡Volveremos!

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Nos vemos en 2006, con más formol que nunca.