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sábado, 25 de diciembre de 2010
Feliz Navidad
Richard Lamm decía que las navidades son las épocas en que los niños le dicen lo que quieren a Santa Claus y los adultos lo pagan, mientras que los déficits son las épocas en que los adultos le dicen al Gobierno lo que quieren y los niños lo pagan. Pero dejando al margen todo esto y los años difíciles que estamos viviendo, os deseo a todos una feliz Navidad.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Felices fiestas
Desde aquí os deseo a todos unas muy felices fiestas. Empachaos a comer y a beber, y que le den a las dietas. ¡Feliz Navidad, y feliz Año Nuevo para todos!
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navidad
martes, 26 de diciembre de 2006
Casi terminando el año
A estas alturas estamos casi acabando el 2006, año que afortunadamente no tenía mala rima. Es curioso como a partir del día 22, cuando entre cánticos de pedreas y celebración con melopea se da el pistoletazo de salida a las fiestas navideñas, todo parece transcurrir rápido, demasiado rápido para mi gusto. Y es que debería ser Navidad todo el año, con gordos papa noeles en pleno mes de julio gritando su HO! HO! HO! mientras con el rabillo del ojo otean las faldas de las niñas que acuden a su regazo, haciéndole sudar aún más los rigores de otro verano canicular.

En medio de este barullo de reuniones familiares, dulces y comilonas indecentes que se suceden una tras otra como si de horas extras de un gordo informático cabrón se tratasen, quedan las luces navideñas. Esas que son las primeras en instalarse en noviembre, y las últimas en retirarse en enero.

No sé si os habréis fijado, pero no hay nada que dé mayor sensación de vacío que el volver de las fiestas pasada la fecha de reyes, y ver como aún algunas luces navideñas se mantienen encendidas, ahora y siempre resistiendo al calendario que clama por su retirada.

Pero mientras duren, uno seguirá disfrutando en silencio como las hemorroides la paz y la quietud que da el andar por una calle, tarde por la noche y semivacía, adornada por abetos y campanas, estrellas y árboles, paz y amor a ritmo de 220 voltios.
Feliz Navidad y feliz Año Nuevo a todos los lectores. Y que el año que viene... ¡Que el año que viene se destruya el hemisferio norte! Ho! Ho! Ho!
En medio de este barullo de reuniones familiares, dulces y comilonas indecentes que se suceden una tras otra como si de horas extras de un gordo informático cabrón se tratasen, quedan las luces navideñas. Esas que son las primeras en instalarse en noviembre, y las últimas en retirarse en enero.
No sé si os habréis fijado, pero no hay nada que dé mayor sensación de vacío que el volver de las fiestas pasada la fecha de reyes, y ver como aún algunas luces navideñas se mantienen encendidas, ahora y siempre resistiendo al calendario que clama por su retirada.
Pero mientras duren, uno seguirá disfrutando en silencio como las hemorroides la paz y la quietud que da el andar por una calle, tarde por la noche y semivacía, adornada por abetos y campanas, estrellas y árboles, paz y amor a ritmo de 220 voltios.
Feliz Navidad y feliz Año Nuevo a todos los lectores. Y que el año que viene... ¡Que el año que viene se destruya el hemisferio norte! Ho! Ho! Ho!
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lunes, 4 de diciembre de 2006
Las cosas son así, Charlie Brown
Ahora que las calles se cubren de luces, los escaparates se engalanan, y la gente se arrebuja bajo sus bufandas mientras come unas castañas bien calentitas, me vienen a la memoria imágenes de épocas pasadas. Si prestáis un poco de atención, a través de esa ventana podréis ver a un chico de apenas diez años que mira la televisión en el sofá bajo una mantita para protegerse de una tarde de frío helador. En la pantalla desfilan los especiales de Navidad que emiten las cadenas de TV (por aquél entonces, dos). Dibujos animados entrañablemente naïfs que no son superhéroes, ni vuelan, ni lanzan rayos. Son mucho más sencillos, inocentes y entretenidos. Antes de que el entretenimiento infantil fuera moneda de cambio para las plataformas digitales, recuerdo los especiales de Bugs Bunny, de Don Gato, el Oso Yogi, y todos los demás cartoons animados de la Hanna-Barbera y de la Warner.

Menos famosos, especialmente por estas latitudes, eran unos dibujos animados que a muchos les sonará un poco extraño ya que cuando nos acordamos de emisiones de hace años, nunca se les suele mencionar. Las aventuras de un chico llamado Charlie Brown y de su mascota autosuficiente Snoopy nunca fueron muy populares, aunque eso no impedía que acudieran puntuales a su cita invernal en la pequeña pantalla el correspondiente especial de Navidad protagonizado por los Peanuts, esos simpáticos dibujillos barrigones.

Aunque las aventuras de esos personajillos cabezones y culones obra de Charles M. Schulz eran muchas y variadas, recuerdo que a España apenas llegaron muy muy pocas, siempre como ya digo en época navideña, y son las que centran este post.

En primer lugar estaba A Charlie Brown Christmas (Las Navidades de Charlie Brown, 1965), dirigida por Bill Melendez. En este episodio tenemos, como casi siempre, a Charlie Brown envuelto en sus eternas conversaciones consigo mismo. Este pequeño Woody Allen animado se encuentra en plena época navideña haciéndose preguntas sobre el significado de las mismas y sin alcanzar a comprender estas fiestas.

El diálogo con el que empieza la película deja bien clara la idiosincrasia del personaje: "Debe de haber algo equivocado en mí, Linus. La Navidad ha llegado pero no soy feliz. No siento lo que se supone que debería sentir. Simplemente no entiendo la Navidad, supongo." a lo que le responden: "Eres la única persona que conozco que puede tornar algo tan maravilloso como la Navidad en un problema".

A lo largo del corto, Charlie Brown junto con sus amigos Snoopy, Linus, Lucy, Sally, Schroeder, Patty, Marcie y Pipgen irá intuyendo lo que importa realmente en estas fechas, más allá del aspecto comercial al que está sometida la Navidad (ya en 1965 se hablaba del lado comercial de la Navidad, fíjate...). Charlie Brown se verá implicado en la celebración de las fiestas con su pandilla mientras organiza el festival navideño de la escuela y comprenderá el verdadero espíritu de la época cuando tenga que conseguir un árbol de Navidad junto con el pequeño Linus.

El dibujo animado tiene esa estética sesentera que tanto me gusta. Desde la música -pequeños arreglos de piano-, el guión, los personajes, e incluso el color, todo está bañado en lo naïf de esos años de hippys con pantalones acampanados. Todo ello resultando en un corto que destila inocencia en cada fotograma.

Otra aparición habitual de Charlie Brown a través de los rayos catódicos en las fiestas de Navidad era en Snoopy Come Home (Snoopy vuelve a casa, 1972).


En este caso se trataba de un auténtico largometraje y no un corto como en el caso anterior. Esta vez la historia gira alrededor de Snoopy, el perro mascota del infeliz Carlitos. Cuando Snoopy recibe una carta de su antigua dueña Lila, siente que debe ir a verla para estar con ella, siempre acompañado de su fiel Woodstock.


Por otra parte, Charlie Brown y la pandilla van en su busca siguiendo su rastro, en vano. Una vez con su primera dueña, Snoopy se siente dividido entre ella y todos los demás, a los que aprecia y que le aprecian a su vez.





Algo tenían estos dibujos que no he sabido explicar a lo largo del post. Ya sea el aspecto naïf y cándido de los mismos, echando la vista atrás, es fácil caer en el tópico de "ya nada se hace como antes". Pero por lo menos en lo que a televisión respecta, es cierto, ya nada se hace como antes. Supongo que es normal y tampoco se trata de darle vueltas al tema; pero hay días en que me paro a pensar en estas cosas y me siento un poco como Charlie Brown, desorientado y algo perdido.
Menos famosos, especialmente por estas latitudes, eran unos dibujos animados que a muchos les sonará un poco extraño ya que cuando nos acordamos de emisiones de hace años, nunca se les suele mencionar. Las aventuras de un chico llamado Charlie Brown y de su mascota autosuficiente Snoopy nunca fueron muy populares, aunque eso no impedía que acudieran puntuales a su cita invernal en la pequeña pantalla el correspondiente especial de Navidad protagonizado por los Peanuts, esos simpáticos dibujillos barrigones.
Aunque las aventuras de esos personajillos cabezones y culones obra de Charles M. Schulz eran muchas y variadas, recuerdo que a España apenas llegaron muy muy pocas, siempre como ya digo en época navideña, y son las que centran este post.
En primer lugar estaba A Charlie Brown Christmas (Las Navidades de Charlie Brown, 1965), dirigida por Bill Melendez. En este episodio tenemos, como casi siempre, a Charlie Brown envuelto en sus eternas conversaciones consigo mismo. Este pequeño Woody Allen animado se encuentra en plena época navideña haciéndose preguntas sobre el significado de las mismas y sin alcanzar a comprender estas fiestas.
El diálogo con el que empieza la película deja bien clara la idiosincrasia del personaje: "Debe de haber algo equivocado en mí, Linus. La Navidad ha llegado pero no soy feliz. No siento lo que se supone que debería sentir. Simplemente no entiendo la Navidad, supongo." a lo que le responden: "Eres la única persona que conozco que puede tornar algo tan maravilloso como la Navidad en un problema".
A lo largo del corto, Charlie Brown junto con sus amigos Snoopy, Linus, Lucy, Sally, Schroeder, Patty, Marcie y Pipgen irá intuyendo lo que importa realmente en estas fechas, más allá del aspecto comercial al que está sometida la Navidad (ya en 1965 se hablaba del lado comercial de la Navidad, fíjate...). Charlie Brown se verá implicado en la celebración de las fiestas con su pandilla mientras organiza el festival navideño de la escuela y comprenderá el verdadero espíritu de la época cuando tenga que conseguir un árbol de Navidad junto con el pequeño Linus.
El dibujo animado tiene esa estética sesentera que tanto me gusta. Desde la música -pequeños arreglos de piano-, el guión, los personajes, e incluso el color, todo está bañado en lo naïf de esos años de hippys con pantalones acampanados. Todo ello resultando en un corto que destila inocencia en cada fotograma.
Otra aparición habitual de Charlie Brown a través de los rayos catódicos en las fiestas de Navidad era en Snoopy Come Home (Snoopy vuelve a casa, 1972).
En este caso se trataba de un auténtico largometraje y no un corto como en el caso anterior. Esta vez la historia gira alrededor de Snoopy, el perro mascota del infeliz Carlitos. Cuando Snoopy recibe una carta de su antigua dueña Lila, siente que debe ir a verla para estar con ella, siempre acompañado de su fiel Woodstock.
Por otra parte, Charlie Brown y la pandilla van en su busca siguiendo su rastro, en vano. Una vez con su primera dueña, Snoopy se siente dividido entre ella y todos los demás, a los que aprecia y que le aprecian a su vez.
Algo tenían estos dibujos que no he sabido explicar a lo largo del post. Ya sea el aspecto naïf y cándido de los mismos, echando la vista atrás, es fácil caer en el tópico de "ya nada se hace como antes". Pero por lo menos en lo que a televisión respecta, es cierto, ya nada se hace como antes. Supongo que es normal y tampoco se trata de darle vueltas al tema; pero hay días en que me paro a pensar en estas cosas y me siento un poco como Charlie Brown, desorientado y algo perdido.
domingo, 3 de diciembre de 2006
Biyanziko nabideño
Todo un clásico del frikismo que vuelve una y otra vez por estas fechas.
De las navidades me encantan incluso estas tonterías.
A otros al parecer también, porque alguien se ha molestado en parodiarlo...
I work at burger king making flame broiled whoppers
I wear paper hats
Would you like an apple pie with that?
Would you like an apple pie with that?
Ding fries are done (x4)
I gotta run (x4)
Don't fuck with fries in hot vat it really hurts bad and so do skin grafts
Would you like an apple pie with that?
Would you like an apple pie with that?
Where is the bell?
Wait for the bell
Can't hear the bell
Where is the bell?
Ding fries are done (x4)
I work at burger king making flame broiled whoppers
I wear paper hats
Would you like an apple pie with that?
Would you like an apple pie with that?
Ding fries are done (x4)
De las navidades me encantan incluso estas tonterías.
A otros al parecer también, porque alguien se ha molestado en parodiarlo...
jueves, 5 de enero de 2006
sábado, 24 de diciembre de 2005
Feliz Navidad
Os deseo una feliz Navidad y que sobre todo paséis estos días en paz con vuestros seres más queridos.
jueves, 15 de diciembre de 2005
Frikadas navideñas
Un friki que siente el espíritu navideño casi tan profundamente como mi bro y un servidor, se marca un espectáculo de luces y sonido empleando su propia casa como escenario, al ritmo de la música de Trans-Siberian Orchestra y su último álbum The Lost Christmas Eve. Fake o no fake, pero impresiona. Y es muy friki.
Mister T nos da una lección helluva hard sobre cómo tratar a una madre helluva good, y que no hay que decirle jibba-jabbas, o nos lanzará helluva far porque su van is fast. Así que dadle a vuestra madre un vaso de leche todas las noches. Os lo dice Mister T.
I pity you, fools.
Mister T nos da una lección helluva hard sobre cómo tratar a una madre helluva good, y que no hay que decirle jibba-jabbas, o nos lanzará helluva far porque su van is fast. Así que dadle a vuestra madre un vaso de leche todas las noches. Os lo dice Mister T.
I pity you, fools.
martes, 6 de diciembre de 2005
lunes, 21 de noviembre de 2005
Caperucita, ¡qué piernas tan largas tienes!
Quedan pocos días para diciembre, el mes navideño por excelencia, y con él se nos viene encima un montón de cosas: anochecer a las cinco de la tarde, el frío por las calles que te congela la nariz y las mejillas, luces adornando las calles, escaparates iluminados rebosantes de mercancía que pide a gritos ser comprada fundiendo la tarjeta, adornos navideños, mogollón de gente pululando por las calles, mazapanes y otros dulces, caos circulatorio, villancicos en el hilo musical de las tiendas que te atontan y que te incitan a dejarte el sueldo del mes y el del siguiente, todo sea por una pizca de felicidad envuelta con papel del Corte Inglés... En otras palabras: la mejor época del año, sin duda alguna, y por supuesto mi bro confirmará este extremo, si es que alcanza a soltar su Xbox 360 por un momento para leer este modesto post.
Diciembre también implica la invasión catódica de legiones de anuncios malévolamente diseñados para que te levantes del sillón, y dejando atrás a amigos y familias, te dirijas al centro comercial más cercano echando espuma por la boca para demostrar que eres el más rápido al oeste del río Pecos pasando la Visa por la caja registradora. Aunque la mayoría de ellos son abominables, pocos alcanzan el nivel de glamour-vulgar que exhalan los anuncios de los perfumes. Escenas artificiales de celofán y cristal para promocionar la creación del último diseñador de moda. Desafortunadamente todos o casi todos caen como moscas en el cebo estratégicamente tendido, y pasan a engrosar las hordas de consumidores que asaltan las estanterías de la sección de cosméticos. Formamos una sociedad de fashion victims.
Pero como todo, hay excepciones, y tenemos un anuncio que resiste ahora y siempre al asalto del mal gusto que nos llega desde la factoría Chanel, con su eterno perfume número 5. En este caso, el lujo y la moda van juntos de la mano en la clásica historia de Caperucita Roja encarnada en Estella Warren y que bajo la dirección de Luc Besson protagoniza uno de los mejores momentos televisivo-navideños de estos años.
Caperucita aparece en un mundo irreal de lujo y opulencia a ritmo de una enigmática melodía que bien podría ser la banda sonora de una película de Tim Burton y su compositor fetiche Danny Elfman. La modelo es una muñeca que baila con los brazos extendidos. Parece una niña que corre a abrir sus regalos de Navidad.
El lobo acecha a la joven imprudente sin sospechar que el final del cuento no es como él se lo espera.
Caperucita se gusta entre tanta ostentación y perfume chic. La luz dorada juega con los contrastes pálidos y los labios rojos de la joven.
Hace frío y Caperucita se prepara para salir. Esta vez no será para dar un paseo por el bosque, sino que le espera un lugar mucho más fastuoso, símbolo de la moda y el lujo: París.
El lobo la sigue, agazapado, esperando su ocasión. Caperucita le deja paralizado en su sitio con un sensual susurro y una mirada arrebatadora: no aceptará un 'no' por respuesta.
Caperucita tiene un rendez-vous con la Ciudad Luz. La luz de la Tour Eiffel alumbrará sus huellas en el fino manto de nieve que se extiende ante ella.
El lobo aúlla, impotente y obediente a la vez. Esta vez Caperucita le ha ganado la partida y le da la vuelta al final del cuento, la versión más glamourosa que jamás se haya contado.
Quien fuera lobo.
Diciembre también implica la invasión catódica de legiones de anuncios malévolamente diseñados para que te levantes del sillón, y dejando atrás a amigos y familias, te dirijas al centro comercial más cercano echando espuma por la boca para demostrar que eres el más rápido al oeste del río Pecos pasando la Visa por la caja registradora. Aunque la mayoría de ellos son abominables, pocos alcanzan el nivel de glamour-vulgar que exhalan los anuncios de los perfumes. Escenas artificiales de celofán y cristal para promocionar la creación del último diseñador de moda. Desafortunadamente todos o casi todos caen como moscas en el cebo estratégicamente tendido, y pasan a engrosar las hordas de consumidores que asaltan las estanterías de la sección de cosméticos. Formamos una sociedad de fashion victims.
Pero como todo, hay excepciones, y tenemos un anuncio que resiste ahora y siempre al asalto del mal gusto que nos llega desde la factoría Chanel, con su eterno perfume número 5. En este caso, el lujo y la moda van juntos de la mano en la clásica historia de Caperucita Roja encarnada en Estella Warren y que bajo la dirección de Luc Besson protagoniza uno de los mejores momentos televisivo-navideños de estos años.
Caperucita aparece en un mundo irreal de lujo y opulencia a ritmo de una enigmática melodía que bien podría ser la banda sonora de una película de Tim Burton y su compositor fetiche Danny Elfman. La modelo es una muñeca que baila con los brazos extendidos. Parece una niña que corre a abrir sus regalos de Navidad.
El lobo acecha a la joven imprudente sin sospechar que el final del cuento no es como él se lo espera.
Caperucita se gusta entre tanta ostentación y perfume chic. La luz dorada juega con los contrastes pálidos y los labios rojos de la joven.
Hace frío y Caperucita se prepara para salir. Esta vez no será para dar un paseo por el bosque, sino que le espera un lugar mucho más fastuoso, símbolo de la moda y el lujo: París.
El lobo la sigue, agazapado, esperando su ocasión. Caperucita le deja paralizado en su sitio con un sensual susurro y una mirada arrebatadora: no aceptará un 'no' por respuesta.
Caperucita tiene un rendez-vous con la Ciudad Luz. La luz de la Tour Eiffel alumbrará sus huellas en el fino manto de nieve que se extiende ante ella.
El lobo aúlla, impotente y obediente a la vez. Esta vez Caperucita le ha ganado la partida y le da la vuelta al final del cuento, la versión más glamourosa que jamás se haya contado.
Quien fuera lobo.
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miércoles, 5 de enero de 2005
Feliz... navidad
Aunque la felicitación llega con bastante retraso, está curiosa:
(Pulsar sobre la imagen para verla en grande)
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viernes, 24 de diciembre de 2004
sábado, 13 de noviembre de 2004
¿Pero qué está pasando?
Bombardeo de anuncios de juguetes en televisón, estudios de psicólogos sobre lo dañinos que son los videojuegos..... Pues si, va a ser eso... ¡Ya llega la navidad! ¡Ya llega la navidad!
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