domingo, 29 de agosto de 2004

Esa ciudad



Hay una ciudad que me asombra por su entorno. Me asombra por los paisajes que se ven a lo largo del viaje. Me asombra su impresionante bahía y el macizo de Peñacabarga como telón de fondo, que va cayendo poco a poco hacia el mar. Sus playas de arena fina. Sus acantilados cortados a cuchillo y las olas horadándolos. Su mar que es un verdadero mar y no una balsa de aceite. El color de sus aguas que pasa del verde al negro a través de todos los tonos del azul. Los mil y un pueblos con misterio que se encuentran dispersos aquí y allá por la provincia. El paseo marítimo desde las playas hasta el puerto. La península con su castillo. La subida hasta el faro. El clima caprichoso a veces. El sol que aquí brilla de forma diferente. Su marisco y su pescado. Sus bares. Pasear por sus callejuelas empinadas. Son más cosas de las que puedo enumerar, y quiero volver.

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