domingo, 23 de julio de 2006

El cine según la MTV

Los malos más malotes han aprovechado la flojera intestinal que produce la canícula veraniega para abordarnos sin avisar y sin derecho a réplica salvo pataleta infantil, y se nos han colado en las pantallas de los cines de forma silenciosa pero contundente cual buen puño por el culo con muñequera de pinchos incluida.

Es Domino la nueva taquilla del hermano bastardo de Ridley Scott, suponemos que se trata de un caso de hermano pequeño que se quedó en un quiero-y-no-puedo de su hermano mayor, y cuya venganza consistió en ésta película que algún avispado productor le coló a la distribuidora, entre nubes de humo de puro, flatulencias, carcajadas nerviosas, golpes en la mesa, y mandíbula desencajada al grito de ¡otro pardillo más!

Domino

Un dicho afirma que la violencia en el cine empieza con el atraco en la taquilla. Nunca una frase había descrito tan bien la realidad como en esta película, violenta en este sentido y en el otro también. En dos horas de celuloide nos cuentan la historia de una fulana llamada Domino Harvey, una niña pija de ese lugar del tercer mundo conocido como Londres, y que harta de ir a colegios de uniforme, decidió probar suerte en el bronx de L.A. para convertirse en caza recompensas y repartir ostias y balazos por igual a cambio de un puñado de dólares, y de paso hacerse un poco la guarra y frotarse la almeja marinera contra el primer venezolano que le caiga entre las piernas. Vamos, lo normal de cada día.

Domino

El metraje discurre entre la estética de videoclip y el anuncio de detergente que lava más blanco desde principio a fin, como si fuese un vídeo de la MTV en su peor estilo hip-hopero, atestado de gordos cabrones cargados de latón contrachapado en oro, seats ibizas tuneados, y bailando y cantando al grito de YO! YO! YO! YO! MODAFUCKA! mientras se aprestan a convertirte en un campeón olímpico de los 100 metros lisos bajo pena de endilgarte lomo en barra por vía rectal. Entre rima y rima, un mafioso quiere acabar con otro mafioso, los unos tirotean a los otros, los otros les zurran a los unos. Dólares robados por aquí, salpicaduras de sangre por allá. Para aligerar este menú tan indigesto, nos ponen a unas garrulas cantantes de gospel acompañadas de un bujarra pasado de vueltas que, aún hoy, me sigo preguntando qué pintaban en esta película. En medio de este desaguisado quedan algunos detalles "graciosos" como los protagonistas de Sensación de vivir, retratados como patéticos losers caídos en desgracia (más aún si cabe). Si tu fantasía prohibida consiste en partirle la nariz a Brian Austin Green, ésta es tu película y te habrá valido la pena dejarte 6,50 €.

Tiros, poses de malote, polvo, sangre, macarras, sudor, y mucha caspa para esta producción. Advertidos estáis.