miércoles, 11 de mayo de 2011

Hacia el oeste

Cualquiera que tenga previsto visitar Lisboa por primera vez (o repetir visita, que desde luego lo merece) no debería perderse varias cosas de esta bonita ciudad al borde del Atlántico.

Lo primero y más importante, se come bien y barato. Una palabra: bacalao. En todas sus formas lo podréis encontrar en el barrio Alto. Huid de los restaurantes tourist trap. Son fáciles de identificar: aquellos en los que los camareros os intentan meter a grito de 'Fado! Fado!'. Mejor ir a restaurantes frecuentados por autóctonos, más íntimos, más buenos, más baratos. En el barrio Alto no faltan de esos y los podréis encontrar a partir de la calle Loreto. En el barrio de Alfama (zona de la Sé o Catedral) también tenéis bastante donde elegir.

Atención, antes de comer y cenar es costumbre que te sirvan un aperitivo. Si lo comes, aunque sea un bocado, te lo cobran. Si no deseas ese plus, ignóralo y no te aparecerá en la cuenta final. Cuidado porque a veces algunos de estos aperitivos cuestan prácticamente lo que cuesta un plato de la carta.

Para tomar unas cervezas y unas copichuelas podéis acercaros por el Chiado. Muchos bares y mucho ambiente. El Chiado y el barrio Alto son un laberinto de callejuelas. Dejad las guías de turisteo en el hotel y perdeos por ahí. Es la mejor forma de conocer Lisboa. Para los que quieran hacer sus compras, en el propio Chiado disponen de unos grandes almacenes para tienduchear un poco.

Hacia el oeste
Dos símbolos de la ciudad.

Para moverse por la ciudad no hay duda: lo ideal es hacerse con una tarjeta de transporte recargable. Admite recargas de 24 horas, y lo mejor es cargarla desde el principio con los días que piensas estar en la ciudad y así te olvidas. Cómodo y barato. No os cortéis en usar los tranvías lisboetas tan típicos, es la mejor manera de salvar las distancias y sobre todo las cuestas de la ciudad.

Para acercarte al aeropuerto hay varios autobuses, pero mejor tómatelo con tiempo especialmente a la vuelta ya que se recorren toda la ciudad y puedes tardar más de lo que esperabas. Si vas justo de tiempo los taxis en Lisboa no son caros (al contrario que en Madrid, donde son una estafa o algo peor).

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Elevador de Santa Justa.

Por cierto, con la tarjeta de transporte tendrás acceso a los elevadores que hay repartidos por la ciudad. Algunos son monumentos nacionales como el elevador de Santa Justa, diseñado según se dice -pero no está probado- por un discípulo de Eiffel (aunque si quieres acceder a su mirador tienes que pagar un pequeño plus). Lo podéis localizar muy cerca de la plaza Don Pedro IV, en la zona más comercial de Lisboa.

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Vistas desde el mirador de Santa Justa.

Otro elevador curioso es el de Gloria, que es simplemente un travía-funicular que salva la pendiente de la calle del mismo nombre, que por cierto es bastante empinada. Lo podréis encontrar en una de las calles que desemboca en la plaza de los Libertadores. A la salida del funicular os encontraréis con los jardines de San Pedro de Alcántara, con un mirador impresionante y una terraza para tomar algo. Disfrutad de las vistas.

Similar al de Gloria tenéis el elevador de Lavra, en la calçada do Lavra, muy cerca de la avenida de los Libertadores que termina en la plaza del mismo nombre.

Sitios para visitar, pues los típicos. En el barrio de Alfama están Castillo de San Jorge y la Sé de Lisboa, plaza del Comercio y el barrio de la Baixa Pombalina con su la zona comercial con calles peatonales entre dicha plaza y la plaza de Don Pedro IV, la plaza del Rossio, el teatro nacional Doña María II, y la estación de trenes del Rossio bien vale un vistazo. En la plaza de Don Pedro IV tenéis el café Nicola con su estilo art decó, pero ojo con sus precios.

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Castillo de San Jorge.

Lejos del centro tenemos otro polo muy turístico que concentra la torre de Belém, el monasterio de los Jerónimos y el monumento de los Descubridores, con unas bonitas vistas al puente 25 de Abril. Absolutamente todo merece la pena visitarlo.

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Torre de Belém.

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Monumento a los Descubridores.

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Claustro del monasterio de los Jerónimos de Belém.

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Fachada del monasterio de Belém.

Y por supuesto visita ultra obligatoria a la tienda de los pasteles de Belém. Calentitos y con canela, imposible comer solamente uno, ¡deliciosos! Probad también las croquetas de bacalao. No hay pérdida, es la única tienda donde veréis que se hace cola desde fuera. Para acceder a toda esta zona es muy fácil: basta con tomar el tranvía 15 desde la plaza del Comercio y os llevará directo.

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Pastelitos de Belém, con copyright y todo.

Cuidado con los carteristas ya que es una zona muy turística y hacen su agosto. Vigilad los bolsillos, mochilas y bolsos, siempre cerrados y bien agarrados. Esto en general es aplicable a todo el transporte público de la ciudad.

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¡Cuidado, tranvías a tu espalda!

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Postal de Alfama.

No dejéis de tomar los tranvías que suben desde la Baixa hasta Alfama. Aparte de visitar los barrios típicos, bien vale perderse por sus calles. Hay varios miradores, especialmente uno llamado Mirador de Santa Lucía donde hay una terraza chill-out con unas vistas inmejorables al Tajo. El mejor lugar para estar unas horitas al sol con una cerveza bien fresca. Si tenéis la oportunidad de encontrarlo no la desaprovechéis. Por cierto, toda Lisboa está llena de miradores y terrazas. Disfrutadlos con salud.

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Vistas desde Santa Lucía.

Si vais a Lisboa con tiempo, tal vez os apetezca visitar alguna de las ciudades cercanas. Os recomiendo especialmente Sintra. Se llega en 45 minutos en tren tomándolo en la estación de trenes del Rossio y el trayecto es bastante barato.

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Palacio da Pena desde la garita de los guardas de la muralla.

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No cabreéis al tritón, ni le miréis directamente a los ojos.

Una vez allí podéis visitar varios de sus palacios pero no dejéis de subir al Palacio da Pena -espectacular- y al Castelo dos Mouros, ambos en una situación privilegiada sobre la ciudad.

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Vistas de Sintra desde lo más alto.

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Las murallas del Castelo dos Mouros.

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El Palacio da Pena visto desde el castillo.

Para subir es aconsejable tomar un autobús ya que son cinco kilómetros de subida bastante dura en una carretera llena de curvas. Ojo los que se mareen en los autobuses porque los conductores conducen rápido, son bruscos y apuran los giros. Los más valientes deciden subir a pata, pero se pierde bastante tiempo en la excursión. Por otra parte, el palacio nacional de Sintra me pareció poca cosa, pero para el que lo quiera, ahí lo tiene.

De vuelta a Lisboa tal vez uno quiera darse un homenaje. Se puede empezar con un chupito de ginjinha, licor típico a base de guinda y que los nativos beben con fruición. El lugar es apenas un mostrador de dos metros cuadrados donde la gente se apelotona para meterse su chupito. Está en una esquina de la plaza de Don Pedro IV y no tiene pérdida. Si se quiere engañar el hambre, muy cerca del lugar de la ginjinha, en la calle peatonal Largo de Sao Domingos que veréis apenas doblando la esquina por un callejón, en un bar cutre se esconde un pequeño secreto culinario lisboeta: los lominhos. Carne de cerdo guisada y servida en filetes dentro de pulgas de pan, con una salsa picante. Barato y riquísimo, con dos o tres de esos ya tienes fuerzas para seguir visitando la ciudad. No os paséis con el picante, porque pica a rabiar...

No hay que irse de Lisboa sin haber visitado su parte más moderno, esto es, la zona de la exposición universal de 1998. La zona está bastante apartada del centro y se llega sin problemas en metro, pero por su lejanía y dado que hay bastante que ver lo aconsejable es reservar una mañana para visitarlo.

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Pabellón multiusos, cuánta modernez.

Lo primero que llama la atención en la zona es el puente Vasco de Gama que con sus 17 kilómetros cruza todo el estuario del Tajo. Las vistas son espléndidas y la construcción es monumental.

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El Oceanario desde fuera.

En la zona está el Oceanario, el acuario más grande de Europa, y se trata de una visita que merece muchísimo la pena así que dedicadle tres e incluso cuatro horas para recorrerlo porque no os cansaréis de hacer fotos. El acuario central es hipnótico y uno no se cansa de mirarlo desde todos los puntos de observación que se reparten a lo largo de las dos plantas de altura. Tiburones, rayas, morenas, atunes, barracudas y todo tipo de vida acuática está ahí reunida.

Hacia el oeste
Escultura moderna hecha con latas oxidadas.

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Las nutrias marinas comen y duermen, los gatos del mar.

Hacia el oeste
Nuestro amiguito el tiburón tigre, el jefe del garito.

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Medusas fosforescentes.

Para comer por la zona hay un área comercial donde hay todo tipo de tiendas y restaurantes. La arquitectura del sitio es moderna y muy vistosa. Cerca está el pabellón multiusos con el estilo acorde a los edificios modernos de la zona. A quienes les apetezca existe la posibilidad de un paseo en telecabina con unas bonitas perspectivas aéreas del lugar.

En resumen, una ciudad preciosa, que desprende esplendor de antaño, y muy cómoda de visitar, Lisboa invita a volver varias veces por su cercanía. Yo todavía tengo pendientes unos cuantos pasteles de Belém así que me tocará sacrificarme.

4 comentarios:

Luiyo dijo...

¿Tú también has estado hace poco?

Y otra cosa, ¿no fuiste a la Quinta da Regaleira? Imperdonable...

Naif dijo...

Pues estuve hace un par de meses, sí. Y no, no fui a la Quinta, por lo que estoy viendo por la internete, me perdí bastante :-(

Pues nada, habrá que volver.

Por cierto, tú fuiste en coche no? Ya te vale, a 40 euros que está el vuelo... ;-)

Luiyo dijo...

Decidimos ir unos pocos días antes, y no había vuelos con esos precios...

¿No has visto mis fotos de la Regaleira?

Naif dijo...

Caída de blogger y todos los comentarios de este post a tomar viento.