miércoles, 28 de junio de 2006

Polvo, sudor y hierro

Quien bien me conoce sabrá que nunca he sido un apasionado de la historia y que tampoco la poesía es lo mío; siempre me han tirado más las sumas y las restas que las letras. Qué se le va a hacer, aún a estas alturas sigo pensando que un hipérbaton es un palo muy grande, que asíndeton es el delantero centro de la selección de Grecia, y que la sinestesia es algo muy malo que te hacen en los hospitales unas enfermeras de fornidos brazos y masculina voz.

Pese a todo, en mi pequeño y aborregado mundo, siempre me ha atraído cierto poema de Manuel Machado, 'Castilla' (y es que las raíces son las raíces), sobre Rodrigo Díaz de Vivar, uno de los pocos personajes históricos que me han interesado. Machado pinta una escena de El Cid que, desterrado por sus malas relaciones con el rey Alfonso VI y tras el mítico juramento de Santa Gadea, se ve obligado a huir con los suyos en busca de otro patrono que le acoja bajo su manto.

Polvo, sudor y hierro

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde... Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules, y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

"Buen Cid, pasad. El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas...
¡En nuestro mal, oh Cid, no ganáis nada!"

Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: "¡En marcha!"
El ciego sol, la sed y la fatiga...
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.


Polvo, sudor y hierro

Actualización del 23 de julio de 2006: desde ésta página se puede escuchar el poema recitado de forma magistral por Manuel Dicenta (grabado por la editora de fonogramas: Fidias S.A.)

4 comentarios:

Lily dijo...

¡Ah, sí! ¿Era de Valladolid, no? XDDD

Dan Solo dijo...

"
(...) Pláceme —dijo el buen Cid—, pláceme —dijo de grado—
por ser la primera cosa que mandas en tu reinado.
Tu me destierras por uno, yo me destierro por cuatro."

La Jura de Santa Gadea, mi pasaje favorito, sin duda...

Amandil dijo...

Pues me lo voy a tener que leer. Yo me leí -en su día- el Cantar del mio Cid y desde entonces nada de nada. Tengo un poco abandonado a Don Rodrigo Díaz de Vivar.

Por cierto, la película con Charlton Helston y Sofía Loren me encanta.

¡A leer, a leer!

Nanna dijo...

No Lily, el Cid era de Salamanca, como todo el mundo sabe, sobretodo nuestro querido Naif XDDD

En fin, bromas aparte, no conocía el poema, pero me ha gustado mucho.

Besotes!